“Dicen que las pesadillas son la
muestra de nuestros temores más íntimos, y que los sueños el reflejo de
nuestros deseos más oscuros. Algunas noches mis pensamientos recreaban
pesadillas, querían despertar aquel insomnio que me acompañaba en cada episodio
de mi vida. Sin razón de estar, se encontraba siempre a la espera de mi
compañía.
La habitación estaba iluminada, un
aroma a flores perfumaba el lugar y tu presencia estaba ahí sin faltar. Las
paredes pintadas de blanco parecían un lienzo que esperaban ser teñidas de
arte. El reloj marcaba las cinco de la tarde, hora en la que ayer podía sentir
que estabas a mi lado. El tiempo estaba congelado y parecía que un día había
pasado; sin embargo, ya hace dos años que tu cuerpo estaba enterrado. Boni aún
te busca, cree que juegas a las escondidas; en las mañanas corre por el jardín
esperando que salgas por ella para alimentarle, durante las tardes se la pasa
frente a la puerta moviendo su cola, esperando tu llegada para jugar a la pelota,
y en las noches me acompaña al pie de la cama, tratando de estar a mi lado
cuando en medio de la penumbra de la noche despierto a gritos mencionando tu
nombre, las pesadillas de tu muerte aún me persiguen.
Pero anoche, el sueño fue distinto, no
eran las pesadillas que acuchilladas despezaban mi cuerpo y al amanecer una
frustración invadía mi mente más el cansancio del poco descanso que obtenía.
Anoche soñé que escribías un poema para mí,
que entre tus versos me fuiste dibujando. El poema escrito en papel
añejo, sobre el sobre tenía un sello de lacre marcando una rosa y tu inicial a
un lado. Tus anécdotas contaban nuestra historia, mi silueta estaba en tus
letras y cada palabra era un camino a un mar de emociones que estaban ansiosas
de desbordarse en lágrimas. Esos relatos que eran solo nuestros, que compartías
conmigo durante las noches antes de caer dormidos, esos relatos que a lo lejos
solían traer una melodía incluida en la historia. Te sentí más cerca que nunca
y un beso que se posó en mis labios, pude sentir tu calidez y la ternura que te
caracterizaban cuando me contemplabas en la oscuridad de nuestra habitación.
Sin embargo, desperté a mitad de la
noche, y el poema no estaba en mis
manos. Una tormenta visitaba la ciudad, entre relámpagos, pequeñas luces que
entraban por la ventana interrumpieron mi descanso. Me pareció realmente tenerte
a mi lado, pero una noche más estoy sola en mi cuarto.
He perdido al único ser que con
admiración adoraba mis brutales virtudes y defectos, mis gustos extravagantes y
el humor bizarro que me mantenía de buenos ánimos. Pero eras muy curioso, y esa
noche en el sótano tu curiosidad te llevó a la muerte en mis brazos. No olvidaré tu última mirada, el último
suspiro, y tus últimas palabras – Enferma. – Así te gustaba llamarme,
porque no toleraste que en mis contenedores estuviera una parte de mis amores.
De todo lo soñado que eras tenías el defecto de arruinar las sorpresas, pues
esa noche encontraste tu contenedor, uno en especial con tu nombre tallado en
el metal, pues ahí tendría lo que más me encantaba de ti… el cerebro que era mi
cuenta cuentos, el poeta ideal.
La noche está cayendo y el perfume de
las flores se está desvaneciendo, muy pronto llegará mi nuevo elemento, un amor
de esos que conoces como sacados de un cuento. Boni corre por toda la casa,
está contenta con el nuevo compañero de juegos; espero este no sea tan curioso
porque le espera el fuego."
- Hablando sola.