miércoles, 6 de agosto de 2025

Hablando sola - II

 

"Segundo acto".

Quisiera contar la historia de una chica que se enamoró del amor, que terminó decepcionada por la traición, y que no volvería a creer en nada ni en nadie, pero esa no es mi historia. ¿Qué me sucedió? ni siquiera yo lo sé. Ni siquiera sé si realmente él era un ser vivo, no sé exactamente que sentí cada noche, pero pareciera que cada vez que estaba con él, se llevaba un pedacito de mi... Ahora ya no tengo alma, no tengo vida, no tengo nada.

Esas vacaciones marcaron parte de mi historia...

"... Es 8 de diciembre, la abuela me espera que pase mis vacaciones con ella, le llevo tantos regalos, y muchas cosas por hacer, tanto ella como yo adoramos las manualidades, el arte y los postres. Tengo una pintura por cada vacación que he estado con ella, y una nueva receta por cada antojo que hemos tenido. Lejos de la ciudad una pequeña cabaña me espera, aunque ni tan pequeña, tiene dos estudios grandes, uno de ella y el otro del abuelo, ambos aman su tiempo a solas, la abuela dibujando, pintando, creando; y el abuelo construyendo, destruyendo, escribiendo, leyendo de la historia del mundo. Ambos se entendían en su ausencia y en la compañía. 

-¡Julieta!

- Creí que no vendrías a despedirte de mi.

-¿Cómo crees que te haría eso? Te extrañaré.

-Y yo a ti, Daniel.

-Conquista el mundo por mi, estaré esperando con ansias tus historias...

Daniel... no tenemos mucho de hablar, pero pareciera que nos conocemos de toda la vida. Lo conocí en una parada autobús, muy arriesgado para esta época, pero solo pasó, nos hicimos amigos al instante, le conté de mis historias, de mis anécdotas, y un poco de mis sueños, traté de ser transparente con él, y aunque tenga pocos secretos, parece conocer ya todo de mi...."

Quisiera no haber conocido a Daniel, haberme atrasado para tomar el autobús, o sentarme a la otra orilla, y que nuestra mirada no se encontrara, que no me hubieses sonreído... Ya no tengo nada para ti, no conquisté al mundo, no tengo más historias, no tengo más alegrías. Cada semana tengo una carta tuya preguntando por mí, la abuela ya no sabe qué responder, mi abuelo se la pasa guardando cada una de ellas, las resguarda en una caja de madera cerca de mi puerta. Sé que te preguntas por qué aún no he regresado...

"... En la casa de los abuelos, me tratan como a una niña, pese a mi adultez, me agrada ser consentida por ellos, es el único lugar donde me siento tranquila. El sol está más radiante, pareciera que me da la bienvenida, el café y el chocolate está hecho, el aroma a rosas ha perfumado la casa, y en mi habitación, un nuevo estuche de lápices me espera. 

-¡Juli!

-¡Abuela! -Sentí como me desplomaba en sus brazos, su piel arrugada aun era suave, su calidez, la identificaba, sus canas eran más notorias, aunque su perfume seguí siendo el mismo-.

-Juli, ¿estás llorando?

-Te extrañé demasiado... 

-Cielo, solo han pasado unos meses, aunque estoy segura que esta vez te quedarás por más tiempo. 

-¿Juli?, ¿pequeña? -gritó mi abuelo-.

-¡Abuelo!

-Tesoro, te extrañamos mucho. 

Mi habitación estaba intacta, tal y como la dejé el año anterior. Sin embargo, un pequeño regalo estaba sobre el escritorio, ¿Un libro nuevo?, mis abuelos conocen mis gustos, pero este libro es curioso, pareciera estar incompleto... Que detalles tan peculiares en su grabado, parecen ¿runas?... tengo tarea para estos días, me encargaré de ello en otro momento...". 

Si hubiera preguntado por ese libro, nada de esto habría pasado, no estaría atada a él, no tendría nada que me detuviera de regresar a casa. 

"... El sol es tan cálido conmigo, quisiera no regresar, la vida de adulto es cada vez más dura, y aunque tengo mucho por lo que debería volver, desearía dejar todo, y quedarme de por vida acá.

A lo lejos, escuché una voz muy familiar...

-¡Julieta! ¡Regresaste!

-¡Lucas!

-Julieta, que bueno volver a verte, tengo mucho por contarte, a que no sabes quien está locamente enamorada de mi. ¿eh? -era muy egocéntrico, siempre un "Don Juan". 

-A ver ¿Qué pobre alma se atrevió a poner los ojos en ti?

- Bea.

-¿La hija de los Erazo? Que barbaridad, apenas tiene 19 años, ¿no te parece un poco pequeña?

-Bah! Solo son tres o cuatro años de diferencia. -Me lanzó una mirada de desafío.-

-Bueno, es cosa muy tuya. En fin, me alegra volver a verte. Te tengo mucho que contar ¿Vamos a dar una vuelta?

-Sí, vamos. 

Caminamos por las plazas del pueblo, era un ambiente muy veranero, todos queriendo salir del pueblo para la ciudad, y otros regresando de la ciudad al pueblo, como yo. Parte de mi infancia y adolescencia estaba aquí, Lucas era parte de todo ello, pese a los años, la distancia y nuestro infortunio de habernos querido como algo más y que no funcionara, seguíamos siendo muy buenos amigos, cada quien había hecho su vida. Su familia eran los dueños de las relojerías del lugar, y Lucas iba a tomar el puesto de su papá, se había preparado para ello, pero su alma de soñador y aventurero siempre estuvieron presentes, el tiempo que estudió fuera del pueblo fueron sus mejores épocas, la única en la que coincidimos juntos, y aunque esa historia puede ser un poco interesante, está demás comentar. 

Mientras dábamos un paseo, me mostró las nuevas instalaciones del negocio familiar, sus padres nunca cambiaban, año con año parecían ser la familia ideal, con ambiciones y proyectos realizados, dos de sus tres hijos se dedicarían al negocio, Lucas y Manuel, mientras que Fernando, conoció a una artista, y se fue tras ella sin decir nada, ya pasaron cuatro años desde entonces, y siguen sin noticias. Recuerdo poco de él, pero de su enamorada, eso jamás lo olvidaría, todos en el pueblo estaban locos por ella. En ese verano, el circo se había hecho presente, y entre sus atracciones, estaba ella, era hermosa, alta, con su cabello castaño y su piel morena, y ojos color marrón; tenía un cuerpo de muñeca, era la trapecista. Solo asistí a una función, su confianza en las cuerdas era admirable, justo esa noche, Fernando la conoció, no sé si fue amor a primera vista, pero sus miradas no se volvieron a despegar desde el instante que supieron de la existencia el uno del otro. Fernando pasó días fabricando un reloj de faltriquera, tallado con las iniciales de él y ella. El última día que dieron su función de despedida, ella no apareció. Manuel tiene la teoría que Fernando le regaló el reloj a Nadia, la trapecista, para que ella supiera la hora en la que debía marcharse, él la estaría esperando en la salida del pueblo, sus padres los buscaron por todas partes, sin embargo, ellos ya se habían marchado en busca de su propia felicidad...

-¿eh? ¿Julieta? ¿Me estás escuchando? 

-¿eh? -reaccioné- sí, claro que sí. Pese a los años, tus padres se siguen viendo felices. 

-Lo son...

-Y... ¿Saben algo de...? 

-No, aún nada, ni una carta, ninguna señal. No sabemos siquiera si sigue vivo. 

-No digas eso, Fernando es fuerte, podría con cualquier cosa.

-Menos con las mujeres hermosas ¿No la recuerdas? era un ángel -asentí con la mirada-, tuvo toda la razón de ir tras ella, espero que sea feliz, aunque francamente a veces lo extraño, su habitación sigue intacta. 

-Un día lo volverás a ver, no ahora, no mañana, y quizá ni el siguiente año...

-¿Se supone que eso me tiene que hacer sentir bien?

-Trato de ser realista.

-Olvidaba lo cruda que eres, pero con Daniel eres un amor ¿No?

Me sonrojé. 

-¡JAJAJAJAJA! -Lanzó una carcajada que apenas duró unos segundos, cambió su postura, y con la mirada puesta en mí.-  Lo sabía. Dime ¿Es el indicado?

-Aún es muy pronto para saber eso ¿no crees?

-Solo era una duda. 

-Espera un momento... ¿Cómo sabes de...? Abuela... 

-Recuerda que ellos me ven como su otro nieto, es normal que me cuenten cosas de ti. 

-Deja de ir a buscar chismes de mí con mis abuelos. 

-No quiero, y adivina ¿qué? Daniel mandó una carta antes de tu regreso, parece que te quería dar una sorpresa, algo para leer. 

-¡Lucas! dame eso!

-No quiero.

Lucas comenzó a correr a toda prisa, y tras él iba con apenas un respiro, la vida sedentaria me estaba haciendo perder. Sentí como si mi corazón se fuese a salir, mire a lo lejos, y Lucas se miraba cada vez pequeño. De pronto, terminamos cerca de una de las fincas del pueblo, era la casa de Ileana, por un momento me había olvidado de ella. La casa estaba hecha cenizas...

-¡Lucas! ¡Lucas! ¡Regresa! ¿¡Qué carajos pasó aquí!?

Lucas regresó de inmediato. 

-Bueno... -su mirada se tornó triste-  no sabemos exactamente, hace unos meses cayó sobre el pueblo una gran tormenta, y pese al tremendo huracán que parecía azotar, la casa se incendió, parecía un espectáculo irreal, el fuego cada vez crecía, todos hicieron lo posible para ayudar. El padre de Ileana, intentó rescatar a su familia, pero él tampoco tuvo tanta suerte. La casa se consumió, Ileana y sus padres fallecieron adentro, el único que sobrevivió fue Susana, pues para suerte de ella, seguí estudiando en las afueras. Al enterarse de lo sucedido, regresó lo más pronto posible. Encontró los cuerpos calcinados de sus padres y su hermana, apenas se escuchaba su llanto. Podrías pensar que, fue una persona muy fuerte, pero su frialdad era lo más preocupante. No hizo ningún funeral, todo el trámite se lo dejó a un abogado, se llevó algunas cosas, o al menos lo que no había sido consumido por las llamas; todos en el pueblo fuimos al cementerio, al menos de forma simbólica, pero ella ya se había marchado. 

-No puedo creerlo... Ileana. ¿Por qué no me dijiste nada?

-¿A qué? Ya estaba muerta. 

-Lucas... Te ibas a casar con ella. 

-No quiero hablar de eso, todos piensan que soy un pobre diablo que sufrió hipócritamente por ella, pero no fue así. La quería... Pero no quiero hablar de eso. -Genuinamente, sentí su dolor en esas palabras, pero sabía que no era el momento de presionarlo para hablar-.

-Está bien... ¿Vamos por un café?

-Tú ni bebes café.- Una pequeña risa salió de sus labios-."

De haber sabido que tu amor por Ileana era enfermizo, me habría ahorrado todas las formas en las que busqué hacerte sentir bien. Me duele que esto haya terminado mal, pero todo era por tu bien; trato de no visitarte tanto, aunque eso te está poniendo peor, sé que has intentando contactarme, leo cada una de tus cartas, pero no respondo ninguna. Tus padres están preocupados por ti, no saben de tus pensamientos, de tus "aventuras", no saben nada, por eso quieren ayudarte, porque si lo supieran, hace mucho te habrías quedado solo. 

Esto solo es uno de los finales anunciados.


-Hablando sola. 











viernes, 11 de julio de 2025

Hablando sola - I

"Preludio" 

He dejado de lado la lectura y la escritura, se me han ido los días buscando la música que explique mi estado de ánimo o esta transición. Los rayos del sol me abofetean para levantarme, siempre odian mis noches largas con las estrellas y la luna, se les olvida que prefiero la nocturnidad que tratar de vivir en el día, que el sol es muy grosero, y siempre me regaña, en cambio la luna me abraza y las estrellas me hacen reír. 

Durante mis escapes, alguien entra a la habitación, registra mis cosas esperando encontrar mis escritos, no sabe que me he desecho de ellos, que ya no me interesan como antes, que ya no le encuentro el sentido de seguir con las historias que antes creaba, que me olvidado de mis creaciones; de Naima que era mi personaje estrella, con mil vidas que contar, de Santiago el romántico y enigmático personaje que estaba ahí solo para hacer sentir viva a Samantha, y que esta última intrigada por el misterio de él, se dejaba llevar por sus anécdotas; El duque, inspirado en Fermín Romero de Torres... entre otros, que no quiero ni mencionar, todos ellos, fueron olvidados.

He tenido más de una vez las ganas de volver, pero cada vez ese deseo es olvidado. Había estado dedicada a la fantasía, que en varias ocasiones había olvidado la realidad. Prefería creer en ese mundo donde la luna, las estrellas y sol me hablan, donde los cuentos son la vida real, y aunque parezca esquizofrenia, el mundo está demasiado quebrado como para estar en él, solo soy una escritora rota, con la pasión perdida, y la imaginación corta. 

Alguien prepara el café, el aroma llega hasta mi habitación ¿Quién será? ¿De quién es?, si fuese alguien conocido el aroma estaría acompañado de chocolate, pues el café es para el invitado, y el chocolate para mi.  He buscado otras formas de matar el tiempo, pero se vuelve cada vez más difícil, no he querido hablar con nadie, pues ¿Quién creería de tu existencia? me llamarían loca, que perdí la cordura por escribir de personajes fantasiosos, que eres producto de la imaginación que alguna vez tuve... 

Sigo tratando de descifrar lo que sucedió esa noche, desde tu primera visita, hasta la última vez que vi tus ojos color miel, y que se dilataban al verme. A veces creo que realmente he perdido la razón, pero recuerdo tu piel, suave, tersa... y tu aroma con notas jazmín. ¿Quién eres exactamente? no lo sé, pero te conocí, y no puedo dejarte de pensar. Me dejé intrigar por la historia de tu vida, que aunque fue poco, me tenías ahí escuchando cada noche una historia diferente, sin cronología, y sin desenlace... 

Te conté de mi, de mis pasiones -ahora no queda ninguna-, de mis anécdotas, mi vida entera... Te conté de las personas cercanas a mi, y por un momento te sentí celoso de ellas, de quienes alguna vez amé, e incluso odié; era una sensación extraña, pareciera que quisiera tener todo de mi y a la vez nada. Te volviste el centro de mis cuentos, en cada letra había un pedacito de tu alma, y cada verso era un beso que te dedicaba, parecía que eso te mantenía con vida... Sigo guardando cada una de las flores que me diste, están resguardas en cuadros, adornando mi habitación ¿es demasiado? solo quiero mantener intacto su aroma. 

No sé qué hiciste conmigo, te robaste mis ideas, te ensañaste con mi pasión, y me has dejado sin nada.. Necesito verte, comprender qué hice para que me dañaras así ¿Quién rayos eres?... ¿Qué rayos eres?... A veces te imagino que eres quien escudriña mi habitación, quien prepara el café durante las mañanas, pero es imposible, nuestras citas solo era en las noches, la luna era confidente de ambos, y aunque me siento un poco traicionada, sigo hablándole de ti. 

Tu silueta se pasea por mi habitación, creo que esta vez sí perdí el juicio...

Continuará...



-Hablando sola. 

miércoles, 30 de abril de 2025

Era la casa de los abuelos.

"En la casa de los abuelos, todo es felicidad, los hijos, los nietos, y los primos, nos sentamos a la mesa, esperando el chocolate de la abuela, y la historia del abuelo..."

-Gabriela Hernández, 15 años de edad. 

No recuerdo la última vez que visité la casa de los abuelos, pero sí recuerdo como era antes, en aquellos días donde mi única preocupación era no ensuciar la ropa con chocolate, o correr entre árboles y no caerme por estar trepando cada uno de ellos; en esa época en que, mis primos eran traviesos, y molestaban a mis tías en cada momento, en las que todas cocinaban una parte de la cena, pero la abuela se encargaba del queso y el chocolate. Recuerdo visitar a mi abuelo en su taller, le gustaba la carpintería, me hizo un banqueta especialmente para mí, y para mi hermana figuras de madera. Le ayudaba a limpiar, y aunque terminaba haciendo más desorden, nunca me regañó... Su partida nos dejó a todos un vacío. Papá no puede hablar de él sin que la voz se quebrante, la familia cada vez es más fría, ya nadie se visita, ya nadie se extraña... 

La abuela, una madre que fomentaba el amor entre sus hermanos, y aunque sabia que habían peleas, siempre lograba que todos se sentaran en la mesa, hacía el mejor queso de la zona, era conocida por tener la mejor mano para la cocina, y enseñó a cada una de sus hijas. Trató a mi madre como una hija más, le enseñó parte de la vida, el deber de esposa, y aunque era de la vieja escuela, jamás trató mal a mi madre, siempre la consentía, le daba las mejores porciones, porque al fin y al cabo, no solo era su nuera favorita, sino una hija más. Sonreía en cada visita, mi hermana y yo, recorríamos la cocina para pellizcar un poco de chocolate, y aunque siempre nos atrapaba, nunca nos regañó. Sus ojos claros, tan hermosos como siempre, su cabello blanco y rizado, siempre portaba una peineta. La partida de su esposo la marcó, y aunque su enfermedad le hacía olvidar, cada recuerdo de golpe, la dañaba más. Lloraba y extrañaba en silencio... 

Muchos se distanciaron, bien dicen que ante la pérdida de un ser querido, la familia se une o se separa más... La casa dejó de ser la misma, ya no corrían los nietos, habían desconocidos en esa casa, se tomaron malas decisiones, quedando la madre de todos al cuidado de una mujer que buscó provecho de la situación ¿y la abuela? en su silla, esperando una visita conocida. 

…12 años han pasado, y mi abuela, una mujer resiliente, amorosa y a la vez necia, se había vuelto una niña, sus ojos color miel se estaban apagando, su piel estaba arrugada, y su voz era más suave... Su enfermedad había avanzado, la pérdida de memoria la llevó a olvidar a su esposo, a sus hijos... a sus nietos. La abuela se sienta sola en la mesa, nadie espera su chocolate, nadie quiere seguir llorando al abuelo, dolía recordar sus historias... Se avecinaba su partida, su esposo pide su compañía, la historia de su vida, ya había escrito el final.

Sus hijos buscaban verla, separados por su lado, cada quien quería pedir perdón, y ese, es el acto más egoísta que una persona puede hacer en el lecho de muerte de alguien. ¿Pedir perdón en el momento más vulnerable?... Una apreciación muy personal les diré. 

Visité la casa de los abuelos, y presentí que sería la última vez que entraría a ese lugar. El taller del abuelo ya no existe, los árboles ya no tienen esa frescura, la cocina tiene prohibido el paso... La abuela está en cama, apenas respira, su mirada está pérdida, y aun así... con mucha fuerza tomó mi mano...

"Abuela... no puedo decirle más que solo... gracias." 

Mis palabras no salían, mi lagrimas se descontrolaron. Mi papá estaba a mi lado, estaba desecho, su madre se estaba yendo, mi madre llorando porque se ha quedará sin "padres, porque para ella su suegra era su madre, ya muy dolorosa había sido la pérdida del abuelo, y ahora se esperaba afrontar la de ella. Agradecí a mi abuela por todo lo que pudo darme en mi vida, por las veces que me abrazó, por las que nunca me regañó, por las veces que se atascó a carcajadas conmigo... por todo aquello que la hizo, y me hizo feliz. 

Miré con tristeza la casa, ya no era la casa de los abuelos, era una residencia más, los animales estaban encerrados, los pasillos eran otros, el aroma a chocolate se había perdido, la mesa estaba vacía, vieja, y deteriorada... Me despedí no solo de mi abuela, sino de todo lo que implicaba estar cerca de ella.

"En la casa de los abuelos, todo era felicidad, los hijos, los nietos, y los primos, ya no se sientan en la misma mesa, nadie espera el chocolate de la abuela, y ya nadie recuerda la historia del abuelo..."

-Gabriela Hernández, 28 años de edad. 

lunes, 14 de abril de 2025

Las cartas de Naima - VII

El verano está a un paso de mi ventana, los primeros rayos de sol acarician mi rostro, buscando que despierte de este sueño que no se termina. Intento envolverme en las sábanas, pero es inútil, el sol me pide que salga, que inicie el día nuevamente. 

Dando vueltas por la habitación, mire mis chocolates preferidos, con el ánimo de comer uno... sentía que el día había llegado, sin embargo, tuve la sensación extraña de revisar el correo, estaba a la puerta... Una carta tuya se encuentra en el legajo de papeles ¿Qué promesas me harás esta vez? ¿Cuántos poemas me habrás escrito? ¿Me hablarás de tu vida? Casi siempre son anécdotas, pero nunca nada concreto. Siempre guardo cada una de tus cartas, aunque no lo parezca, me interesa tu vida. Antes de leer la último estelar, recordé ciertas cartas que marcaron nuestra vida, como la vez que me hiciste saber de tu matrimonio, estabas tan feliz, eras otra persona...

"Querida, Naima...

Hace años que somos grandes amigos, te conozco tanto como tú a mi. Esta vez, no te tengo ningún poema, ni tampoco vengo a contarte de mis aventuras...

Quiero expresarte que la vida me ha hecho muy dichoso, no tienes idea de la felicidad que estoy viviendo. ¡Me casaré, Naima! Tendrás que conocerla, es muy bella e inteligente, la mujer ideal, te agradará tanto. Tú y ella son parecidas, tienen mucho en común. Sin embargo... Sabes como soy, y los defectos que me componen. Tengo miedo, no quiero fallarle, me complementa tan bien.  Prometo ser todo aquello que haga bien, la haré feliz.

Pronto te veré para darte tu invitación.

Con cariño, Damián."

Sentí un extraño cosquilleo al recordar tus letras. Nuevamente me sentí feliz, aunque la invitación de tus nupcias nunca llegó, siempre recibí noticias de ti. Tiempo después conocí a Verónica -ahora esposa tuya-, tan vivaz, una ternura de persona, siempre tenía una historia que contar, y aunque no fuimos las mejores amigas como tú hubieses querido, nos teníamos cariño. Tan dulce desde la primera vez que hablé con ella. A veces quisiera saber cómo está, aunque ahora tus cartas hablen poco de ella, sé que la amas demasiado, te ha dado tanto amor, y al nuevo amor de tu vida, tu pequeña Isabela...

"Querida, Naima...

¿Adivina qué? Seré papá!, papá de una niña, sé que al leer estas letras compartirás la misma felicidad que yo, siempre te conté que quería ser padre, y ahora seré el mejor. En cuanto la nena nazca, tendrás que conocerla, sé que aunque no te gusten los niños, adorarás tanto a mi princesa. 

Quiero saber qué piensas, últimamente no respondes mis cartas... Sé que estás molesta porque ya no te visito tanto, pero quiero que sepas que siempre pienso en ti, y Verónica también me pregunta por ti. 

Te prometo que iré a visitarte, necesito de tu sabiduría... Te extraño, mi querida amiga.

Con cariño, Damián."

No tienes idea de cuanto amé a la pequeña Isabela, tiene tus ojos, tus grandes ojos café, esas pestañas largas, y esa coquetería que heredó de su padre. Tan divertida, graciosa e ingeniosa. Crecen tan rápido, ya casi por tener los 14 años, ya toda una adolescente, te dará dolores de cabeza, pero sé... Que haz disfrutado cada etapa de la paternidad. Siempre tan ocupado con ella...

"Querida, Naima...

Isabela dice que eres como una hada madrina, apareces como un milagro y cumples todos sus caprichos, aunque ella le llame "deseos". Te adora tanto. Gracias por los regalos de navidad, tu esposo nos visitó, dice que te encuentras mejor cada día... Todos queremos verte, aunque no lo creas, me siento feliz por ti, sigo sin creer que te hayas casado...

¿Te parece bien si vienes para fin de año? Realmente te extraño, convenceré a Ricardo que pueda traerte.

Con cariño, Damián."

Tus cartas se volvieron como un libro para mi... Amaba leer de tus aventuras, un poco de tu vida, un poco de todo, pero extrañaba que estemos juntos, porque solo estando cerca contamos nuestros secretos, me cuentas ese lado oscuro de tu vida, esa parte que nadie conoce. También tengo mucho que contarte, tanto por explicarte... Hasta que tu última carta llegó.

"Querida, Naima...

Me enteré hace poco, como lo siento... 

Estaré contigo al iniciar el verano. Necesito verte, estas cartas no son suficientes, sé que no te gustan mis visitas, pero esto es una excepción.

Con cariño, y mucho amor, Damián." 

No sé quién te lo habrá dicho, no le di la noticia a nadie. Detesto las visitas, detesto los pésames, como si les importase su ausencia... No saben nada... Alguien toca la puerta.

-¡Naima!

-¡Damián!

Una fuerte emoción me invadió el pecho, sentí que el corazón se salía de mi cuerpo. No podía creer, que luego de tanto tiempo estás ahora en mi puerta... No pude hacer más que lanzarme a tus brazos, sentir tu calor, tu aroma... Sentirme nuevamente segura.

-Naima, no has cambiado nada. Sigues siendo tú, tan cálida, tan cariñosa, tan...

-"Tan, tan, tan", puras palabras, ven sígueme abrazando.

- Tan cruel... Jajajaja -Extrañé tu risa-

Un silencio nos envolvió a mitad de la sala, retomando mi postura, tomaste de mis manos, me miraste a los ojos... Te acercaste tanto, que solo logré cerrar mis ojos... sentí tus labios en mi frente. Solo pude mirarte... 

-No me mires así, Naima. Si lo haces, sabes que no puedo controlarm... No me retes-. Era tan común coquetear, que a veces era sin intención. 

- ¿A qué se debe tu visita?

- ¿No leíste mi carta?

- Hace un momento la abrí, no creí que tu visita sería tan pronto. Siempre dices que vendrás, pasan las estaciones, y tus promesas solo se quedan en palabras muertas. 

- Se me olvidaba lo resentida que eres. -Con una expresión de picardía, tomaste uno de los chocolates de mi mesa de noche, siempre te llevas algunos aunque ni siquiera te gusta el chocolate, solo lo haces para molestar-.

- ¿Cómo está Verónica e Isabela? 

-Bien, ambas te mandan saludos. Isabela te extraña... Aunque nadie sabe que estoy por estos rumbos.

- ¿Cuándo veré a Isabela?

- ¿Cuándo irás tú a verla? -Era tan normal retarnos, tratar de controlar al otro constantemente- 

- Hace años que prefiero mantenerme alejada... ¡¿Qué pas...?! - Sentí tu cuerpo junto al mío, quisiste abrazarme... pero me estabas apretando, hasta que te soltaste y caíste a mis pies. 

Te recogí, e inmediatamente, te lleve a la habitación más cercana. De la emoción, no me di cuenta de lo diferente que estabas, aunque tus ojos tenían un brillo peculiar, te mirabas tan cansado, tus cabellos se habían teñido de blanco, y tu semblante ya no era el mismo. Sin embargo, siempre tenías esa presencia tan familiar para mi. Te mire con minuciosidad ¿Qué te habrá pasado, Damián?.

- Lamento... Lamento el espectáculo. He estado un poco enfermo. 

- ¿Un poco? -pregunté con sarcasmo.-

- Sí, un poco. - Respondió con firmeza.-

- Naima, lamento mucho lo de Ricardo... -¡Ah, sí!, era a eso a lo que venías- sé que no he sido el mejor de los amigos, y aunque quiero que sepas de mi apoyo, me siento feliz que ya no te sientas atada con nada ni con nad...

-¡Detente ahí! No de nuevo, no quiero que lo digas. -No lo hagas, no me digas lo que sientes, he tratado de retrasar este momento tanto tiempo...

-Nada ni nadie... ¿eh? No, Naima. Esta vez, no vine con esa intención. Solo necesitaba verte -Me limité a sonreír-, como sabrás, en esta ocasión, no fuiste muy precavida, te he dicho muchas veces que elijas bien a las personas -Su mirada se volvió tan oscura, detestaba esa mirada-, te he sacado muchas veces del hospital, como para vengas a hacer lo mismo. Verónica tiene miedo, y aunque no creo que sepa la verdad, sospecha que Isabela no viene de aquel orfanato que le hice creer. Te dije que me haría cargo de todo. ¡Maldita sea! ¿Por qué tuvo que heredar cosas de ti?... Maldigo esa noche, me aproveché de la depresión de mi esposa por perder a nuestra hija, que terminé quitándote a la pequeña Isabela. Todo fue por tu bien, estabas en shock, en ese hospital, no reaccionaste hasta años después... francamente creí que habías perdido la cabeza, creí que ya no estarías consciente de nuestra realidad. Solo quise borrar el recuerdo de ese imbécil que se aprovechó de ti. Rechazaste a Isabela en tantas ocasiones. ¿sabes? tiene tu misma sonrisa, tu misma locura... Tu maldita locura. Tengo miedo, tengo miedo que vuelvas a recaer... No quería hacer esto de nuevo, no me dejas otra opción. Pobre Ricardo, no podía creer que te habías casado con él, pobre deceso... ¿Lo desconociste nuevamente, verdad? Por eso arrasaste con él, tenías miedo que yo me encargara del problema, al menos, esta vez fuiste más dulce...

No podía con sus palabras, mi cuerpo estaba temblando, detesto recordar el pasado, he luchado por mantener solo nuestros buenos recuerdos ¿Por qué me haces esto? ¿No has visto lo leal que te he sido?. Mis ojos comenzaron a derramar lágrimas. Sentí como su manó tomaba mi brazo, sentí que no podía respirar... 

-Ya estoy cansado. -Tomaste mi cuerpo y acercándome a ti, me besaste la cabeza, y en un momento ya estabas llorando- ¡Déjame vivir...! Déjame cuidarte, déjame hacer todo por ti... Déjame vivir esto contigo.

-¡Basta! ¡Damián, basta! hemos tenido esta conversación tantas veces... Lo que pasó... lo que pasó... fue un accidente. 

- No.. No lo entiendes. Esto es diferente.. esto es...

Damián perdió el conocimiento, su cuerpo cayó al suelo, parecía dormido... ¿Por qué hasta en estos momentos te ves tan hermoso?. Damián, te equivocaste esta vez. En todos estos años, hemos luchado por no caer en tus labios, de no entregarnos, y quitar esta sensación de conocernos más allá, de no solo juguetear, de robarnos de vez en cuando un beso... Cuando nació Isabela, me llené de ira, era infeliz. Verónica es mejor madre que yo ¿Vale la pena decirle la verdad? Claro que no, ella es feliz en esa mentira, no quiero ser cruel, no quiero quedar como la villana, no quería que las cosas terminaran así, y aunque tú no recordarás, espero no ser sospechosa de tu desaparición. Lo que pasó, fue accidente, tal y como ahora... Sin embargo, estoy consciente que algunos accidentes no se pueden premeditar... ¿Te gustaron los chocolates?



-Hablando sola.