"Busqué mil formas del olvidarle pero las melodías resonaban en mi interior, creando escenas de amor, de tristeza, de aventura y de odio, nunca era la misma emoción; extrañaba escuchar el arte de sus dedos plasmados en un piano que a mi oído imaginé que era de los más antiguos y bien preservados... No estaba segura de querer dejar por completo esas noches de recital y aceptar que mi pianista fantasma no existía más o quizá nunca existió.
Pregunté a los inquilinos y ninguno escuchó tales sinfonías, me considerando una loca y que estaba perdiendo la cordura que ellos habían conocido de mi con el pasar de los años. A pesar de su brutalidad y poca amabilidad para saludar, cada uno era buena persona. Siempre me pregunté porque mi padre mantenía a tanta gente en esta gran casa y era por el mismo hecho de su espacio, porque estando solo él y yo, la gran mansión solo sería un cajón vacío. Sin embargo, hasta cierto punto, lograba ser ese cajón puesto que aun cuando sus 17 huéspedes estaban perfectamente distribuidos en cada una de las habitaciones, sobraban 7 lugares. No habían muchas risas, los pasos apenas se escuchan por los pasillos, cada quien en su vida, cada quien en su burbuja.
Conocí cada historia de cada persona que respiraba en este hogar, era imposible que alguien se escapara de mi fiel libreta. La señora Juliette de la habitación 12 era de las pocas personas con la que podía cruzar más de 10 palabras al día, emanaba un aire cansado pero con una buena actitud, viuda a los 35 años, y a pesar de tener 68 sigue enamorada como el primer día que estuvo con su amado, un caballero que murió de insuficiencia renal, pues le puso más apego a su trabajo que a su matrimonio, a pesar de sus ocupaciones adoraba a Juliette, y cada fin de mes, entregaba un rosa a su querida esposa con una nota que decía "Para el amor de mi vida, ahora y siempre... Te amo, Julie". Y cada fin de mes ella se sonrojaba como si fuese la primera rosa que le entregaban. Le admiraba mucho, doña Juliette a pesar de su edad tenia un alma viva y sus "Buenos días" eran muy bien recibidos por mi. Siempre me otorgaba un poema, un dicho, o una frase con que comenzar y puedo decir que quizá ella era la única que no consideraba que mi persona estuviera al borde de la locura por escuchar voces donde aparentemente no las hay.
Al contrario de ella, el joven Roberto de la habitación 8, con solo 27 años tiene el alma amargada y el corazón frío. Cada tarde podía escuchar cuando recitaba sus poemas quebrados, que alcanzaban en terminar entre sollozos al otro lado de la pared, era un ser que constantemente se lamentaba, decía haber perdido a su hija y a su esposa en un viaje por Europa; pero nunca daba detalles a los demás, sin embargo en sus poemas reflejaba la verdadera historia, y es que su esposa se marchó con su hija hacia otro continente, pues su matrimonio había llegado a su fin por culpa del alcohol y los vicios en los juegos de azar; Por otra parte el tío Nesby le encantaba crear suposiciones de su perdida, muchas de ellas muy atroces. Pues el pobre tío estaba liado a recuerdos de su vida pasada en la jefatura policial en Norteamérica, donde el desmembramiento, la tortura, lascivia y toda clase de muertes a sangre fría habían quedado marcados en su mente y su imaginación creaba suposiciones completamente sangrientas. Era extraño, y podía sonar insensible pero eran de las historias más interesantes de las 6:00 de la tarde.
Al llegar el final del día cada uno se iba a sus habitaciones, mi padre descansaba en su biblioteca, con una taza de café y brownie recién hecho se quedaba leyendo libros de Julio Cortázar. Al dar las 10:00 pm se marchaba a su habitación con el alma tranquila y la mente muy bien alimentada.
Por mi parte, siempre me quedaba arreglando la sala de estar, cambiando el agua de las flores, pues estas merecían un cena de buenas noches...
Paseando por lo corredores, hablaba con las pinturas con imágenes extrañas, personajes que no parecían tener un pasado del por qué el artista decidió darles un espacio en esa tela, con falta de vida en sus colores, los pinceles no lograron hacer vivaz esos rostros perdidos. El reloj marcó las 11:35 pm, se estaba haciendo demasiado tarde y aún me quedaban cosas por hacer, caminé hacia mi habitación, la numero 20, la típica habitación que se encontraba al fondo del pasillo a la derecha. Alejados y tan cerca de todos a la vez, podía escuchar ronquidos, quejas, y pequeños lloriqueo de los huéspedes.
A pesar de mi paciencia y mi búsqueda constante, me rendí en encontrar al pulgarcito ruidoso. Sin embargo, había despertado en mi las ganas de aprender a tocar un instrumento, pero era muy tosca para que mis dedos se lograran mover con tanta fineza y agilidad. No tenía maestro, no me interesaba tener a uno. Comencé por leer libros de música, aprender a entender las notas musicales y aunque la memoria no me estaba ayudando comenzaba a practicar con unas de mis composiciones favoritas de Yiruma, titulado "River Flows in you"... Era un fracaso en cada intento. A pesar de ello, seguía siendo constante y terminaba por caer dormida a las 2:00 de la madrugada sobre mi pequeño piano de juguete, pues no podía practicar en el gran salón, el ruido molestaría a mi padre y terminaría por retarme y detesto ser castigada.
La lluvia nuevamente se hace presente, no siento nada de frío, escucho quejidos de la habitación 17, los señores Dorton y Besller no están de buen humor para escucharme en mis excelentes practicas con el piano profesional. Será otra noche en la que no aparece el pianista fantasma... Cierro la puerta con cautela, me cobijo entre mis sabanas con la esperanza de conciliar el sueño y que no se entrometa pulgarcito en mi mente con la idea de crear una silueta que me de una pista de su procedencia..."
Continuará...
-Hablando sola.
Al llegar el final del día cada uno se iba a sus habitaciones, mi padre descansaba en su biblioteca, con una taza de café y brownie recién hecho se quedaba leyendo libros de Julio Cortázar. Al dar las 10:00 pm se marchaba a su habitación con el alma tranquila y la mente muy bien alimentada.
Por mi parte, siempre me quedaba arreglando la sala de estar, cambiando el agua de las flores, pues estas merecían un cena de buenas noches...
Paseando por lo corredores, hablaba con las pinturas con imágenes extrañas, personajes que no parecían tener un pasado del por qué el artista decidió darles un espacio en esa tela, con falta de vida en sus colores, los pinceles no lograron hacer vivaz esos rostros perdidos. El reloj marcó las 11:35 pm, se estaba haciendo demasiado tarde y aún me quedaban cosas por hacer, caminé hacia mi habitación, la numero 20, la típica habitación que se encontraba al fondo del pasillo a la derecha. Alejados y tan cerca de todos a la vez, podía escuchar ronquidos, quejas, y pequeños lloriqueo de los huéspedes.
A pesar de mi paciencia y mi búsqueda constante, me rendí en encontrar al pulgarcito ruidoso. Sin embargo, había despertado en mi las ganas de aprender a tocar un instrumento, pero era muy tosca para que mis dedos se lograran mover con tanta fineza y agilidad. No tenía maestro, no me interesaba tener a uno. Comencé por leer libros de música, aprender a entender las notas musicales y aunque la memoria no me estaba ayudando comenzaba a practicar con unas de mis composiciones favoritas de Yiruma, titulado "River Flows in you"... Era un fracaso en cada intento. A pesar de ello, seguía siendo constante y terminaba por caer dormida a las 2:00 de la madrugada sobre mi pequeño piano de juguete, pues no podía practicar en el gran salón, el ruido molestaría a mi padre y terminaría por retarme y detesto ser castigada.
La lluvia nuevamente se hace presente, no siento nada de frío, escucho quejidos de la habitación 17, los señores Dorton y Besller no están de buen humor para escucharme en mis excelentes practicas con el piano profesional. Será otra noche en la que no aparece el pianista fantasma... Cierro la puerta con cautela, me cobijo entre mis sabanas con la esperanza de conciliar el sueño y que no se entrometa pulgarcito en mi mente con la idea de crear una silueta que me de una pista de su procedencia..."
Continuará...
-Hablando sola.