sábado, 24 de agosto de 2019

Melodìa de media noche - II

"Busqué mil formas del olvidarle pero las melodías resonaban en mi interior, creando escenas de amor, de tristeza, de aventura y de odio, nunca era la misma emoción; extrañaba escuchar el arte de sus dedos plasmados en un piano que a mi oído imaginé que era de los más antiguos y bien preservados... No estaba segura de querer dejar por completo esas noches de recital y aceptar que mi pianista fantasma no existía más o quizá nunca existió. 
Pregunté a los inquilinos y ninguno escuchó tales sinfonías, me considerando una loca y que estaba perdiendo la cordura que ellos habían conocido de mi con el pasar de los años. A pesar de su brutalidad y poca amabilidad para saludar, cada uno era buena persona. Siempre me pregunté porque mi padre mantenía a tanta gente en esta gran casa y era por el mismo hecho de su espacio, porque estando solo él y yo, la gran mansión solo sería un cajón vacío. Sin embargo, hasta cierto punto, lograba ser ese cajón puesto que aun cuando sus 17 huéspedes estaban perfectamente distribuidos en cada una de las habitaciones, sobraban 7 lugares. No habían muchas risas, los pasos apenas se escuchan por los pasillos, cada quien en su vida, cada quien en su burbuja. 

Conocí cada historia de cada persona que respiraba en este hogar, era imposible que alguien se escapara de mi fiel libreta. La señora Juliette de la habitación 12 era de las pocas personas con la que podía cruzar más de 10 palabras al día, emanaba un aire cansado pero con una buena actitud, viuda a los 35 años, y a pesar de tener 68 sigue enamorada como el primer día que estuvo con su amado, un caballero que murió de insuficiencia renal, pues le puso más apego a su trabajo que a su matrimonio, a pesar de sus ocupaciones adoraba a Juliette, y cada fin de mes, entregaba un rosa a su querida esposa con una nota que decía "Para el amor de mi vida, ahora y siempre... Te amo, Julie". Y cada fin de mes ella se sonrojaba como si fuese la primera rosa que le entregaban. Le admiraba mucho, doña Juliette a pesar de su edad tenia un alma viva y sus "Buenos días" eran muy bien recibidos por mi. Siempre me otorgaba un poema, un dicho, o una frase con que comenzar y puedo decir que quizá ella era la única que no consideraba que mi persona estuviera al borde de la locura por escuchar voces donde aparentemente no las hay.

Al contrario de ella, el joven Roberto de la habitación 8, con solo 27 años tiene el alma amargada y el corazón frío. Cada tarde podía escuchar cuando recitaba sus poemas quebrados, que alcanzaban en terminar entre sollozos al otro lado de la pared, era un ser que constantemente se lamentaba, decía haber perdido a su hija y a su esposa en un viaje por Europa; pero nunca daba detalles a los demás, sin embargo en sus poemas reflejaba la verdadera historia, y es que su esposa se marchó con su hija hacia otro continente, pues su matrimonio había llegado a su fin por culpa del alcohol y los vicios en los juegos de azar; Por otra parte el tío Nesby le encantaba crear suposiciones de su perdida, muchas de ellas muy atroces. Pues el pobre tío estaba liado a recuerdos de su vida pasada en la jefatura policial en Norteamérica, donde el desmembramiento, la tortura, lascivia y toda clase de muertes a sangre fría habían quedado marcados en su mente y su imaginación creaba suposiciones completamente sangrientas. Era extraño, y podía sonar insensible pero eran de las historias más interesantes de las 6:00 de la tarde.

Al llegar el final del día cada uno se iba a sus habitaciones, mi padre descansaba en su biblioteca, con una taza de café y brownie recién hecho se quedaba leyendo libros de Julio Cortázar. Al dar las 10:00 pm se marchaba a su habitación con el alma tranquila y la mente muy bien alimentada. 
Por mi parte, siempre me quedaba arreglando la sala de estar, cambiando el agua de las flores, pues estas merecían un cena de buenas noches... 
Paseando por lo corredores, hablaba con las pinturas con imágenes extrañas, personajes que no parecían tener un pasado del por qué el artista decidió darles un espacio en esa tela, con falta de vida en sus colores, los pinceles no lograron hacer vivaz esos rostros perdidos. El reloj marcó las 11:35 pm, se estaba haciendo demasiado tarde y aún me quedaban cosas por hacer, caminé hacia mi habitación, la numero 20, la típica habitación que se encontraba al fondo del pasillo a la derecha. Alejados y tan cerca de todos a la vez, podía escuchar ronquidos, quejas, y pequeños lloriqueo de los huéspedes.

A pesar de mi paciencia y mi búsqueda constante, me rendí en encontrar al pulgarcito ruidoso. Sin embargo, había despertado en mi las ganas de aprender a tocar un instrumento, pero era muy tosca para que mis dedos se lograran mover con tanta fineza y agilidad. No tenía maestro, no me interesaba tener a uno. Comencé por leer libros de música, aprender a entender las notas musicales y aunque la memoria no me estaba ayudando comenzaba a practicar con unas de mis composiciones favoritas de Yiruma, titulado "River Flows in you"... Era un fracaso en cada intento. A pesar de ello, seguía siendo constante y terminaba por caer dormida a las 2:00 de la madrugada sobre mi pequeño piano de juguete, pues no podía practicar en el gran salón, el ruido molestaría a mi padre y terminaría por retarme y detesto ser castigada.
La lluvia nuevamente se hace presente, no siento nada de frío, escucho quejidos de la habitación 17, los señores Dorton y Besller no están de buen humor para escucharme en mis excelentes practicas con el piano profesional. Será otra noche en la que no aparece el pianista fantasma... Cierro la puerta con cautela, me cobijo entre mis sabanas con la esperanza de conciliar el sueño y que no se entrometa pulgarcito en mi mente con la idea de crear una silueta que me de una pista de su procedencia..."

Continuará...


-Hablando sola.

jueves, 22 de agosto de 2019

Máscara perfectas.

Escuché sus suplicas, escuché su arrepentimiento, rogaba a Dios prometiendo un cambio severo, pedía otra oportunidad... Su esposo como hombre frágil y encantado por sus palabras la ha perdonado. Recordé las escenas que viví hace años, y que por su constancia se habían vuelto una rutina; Ella en su afán de buscar un aire fraternal, no le bastaba con el calor de su pareja, buscaba más, siempre quería más; y ahí estaba yo, presenciando en silencio cada una de sus aventuras, y al igual que ella, su esposo también tenía una doble vida. Las pocas veces que me detuve a pedir explicaciones sobre lo que pasaba, donde creì tener todo el derecho de reclamar sobre el camino de la familia, junto con mi valor y mi enojo solicitaba algo más que una razón, al final entre lágrimas de una madre caía rendida pidiéndole perdón sabiendo que yo no había cometido ningún error.  Así, pasaron los años y el protocolo se repetía, hasta que puse fin a ello, y como sabrán, vivo entre enojos y resentimientos porque parece que ellos no comprenden mi sentir, y es que muchas veces soy fría, y no puedo evitar tener un tono severo. 

Por un momento, en aquella escena de arrepentimiento creí en lo que escuchaba, creí por un instante que realmente quería cambiar, que no repetiría uno de esos errores, y que posiblemente solo quería llevar su matrimonio en paz o llegar a algún acuerdo porque sabía de cualquier forma saldría perdiendo. Me equivoqué. Esa noche solo fue un desliz, pues al día siguiente desperté con buena actitud, luego de estar en cama dos días por la conjuntivitis y la infección en la garganta que me había atado a la casa, sin ningún lugar donde ir, ya que era costumbre mía no pasar mucho tiempo en casa. Bajé a desayunar y ahí estaba ella con su amante conversando con biblia en mano. Me llené de asco, y subí a mi habitación. Unos minutos después, ella entró al cuarto, con una sonrisa dibujada me llevó el desayuno a la cama, sin mediar palabra y con una mirada de recelo que le lancé, se retiró. A los segundos volvió a entrar y me dijo que no podía estar enojada, que no debía llenar mi corazón con resentimiento. No respondí nada a ello. Al contrario, una risa sarcástica brotó de mi labios. Cuánto hubiese querido salir corriendo como en otras ocasiones lo he hecho, sin embargo, la mala suerte estaba de mi lado, enferma y sin muchas energías solo podía estar en cama, no podía mantenerme en pie mucho tiempo, la fiebre y la pesadez del cuerpo me dominaban a pesar lo animada que en un inicio estaba. No me quedó remedió más que encerrarme y dejar pasar las horas...

El afecto que les tengo es el respeto que como hijo debo tenerles, les agradezco tantos esfuerzos por criarme, por el estudio, por una vivienda y por una media infancia buena, de la cual aprendí muy joven que las familias perfectas no existen, y eso no es tan malo del todo.

He perdido la fe en muchas cosas, me he alejado de muchas personas, y he ganado nuevas virtudes que para otros pueden ser defectos, en mi familia he perdido las esperanzas de reconstruir una ilusión de un buen hogar. Es curioso, las personas que nos han rodeado este tiempo, conocen a mi madre como una mujer ideal, madre perfecta, dama trabajadora, y buena esposa,  posee un carisma muy particular y es capaz de encantar a cualquiera, tiene un don. Mi padre en silencios y con respeto se mantiene al margen, con pocos amigos en la colonia, y pocos que cruzan palabras con él, lo consideran el esposo ejemplar, el padre que todos quieren tener, porque hasta mis propias primas lo quisieran a él sus vidas con esa presencia fraternal que emana. Sus hijas, como niñas obedientes, que se encuentran guardadas en casa como muñecas de porcelana, incapaces de juntarse con el pecado, fieles creyentes y con buenos modales; ninguno conoce nuestros nombres por completo, creen que esta casa todo es armonía. Se equivocan... Ella tiene sus defectos, y no sabe manejar la consecuencia de sus errores, aún cuando es afectiva, no quita la ira que puede desenfrenar con cualquier cosa, no controla sus impulsos, tiene muchas facetas, de las cuales en algún punto de mi vida las utilicé para crear múltiples personajes en historias anteriores; Él como un hombre machista, sin preocupación alguna solo lanza el dinero y espera que sea administrado, pide comida y ropa en la palma de la mano, puede mantener dos vidas, y aún no he descubierto el secreto de esa historia. Y mi hermana y yo, puedo decir que somos buenas hijas... Pero que en realidad muy poca gente conoce nuestra verdadera esencia, nuestros verdaderos placeres, gustos y disgustos; y que en lo personal ni siquiera mis padres saben todo eso de mi.

La lluvia ha sido constante en visitarme, se pasea por mi ventana, lava toda impureza y toda tristeza, se quiere llevar mis versos porque le parecen llenos de decepción. Me mira quebrada y a la vez con un brillo en los ojos que parece inexplicable... No parece entenderme, y no le culpo, pues yo tampoco me comprendo del todo, puesto que a pesar de ello, me siento completa en cierto modo...


-Hablando sola.

sábado, 3 de agosto de 2019

Una obra sin fin.


El telón se vuelve a abrir, el público está listo, y los protagonistas desean comenzar la escena.

La noche como fiel anfitriona espera que todos se acomoden en sus asientos, que sus mentes se preparen para el espectáculo que a pesar de ser muy conocido, sigue provocando emociones en los espectadores...

Pasar de ser parte de la historia a ser espectadora de una de estas obras de familias disfuncionales no ha sido sencillo, pues han pasado tantos años que por ratos recuerdo lo que había sido, mi corazón frágil y sin sentido, llena de amargura y de dolor, de una serie de crisis emocionales de las que, sin lugar a duda me costaba demasiado salir a flote, cada noche esperando que la siguiente sea mejor, que el siguiente año sea diferente, que los sueños cambien y las pesadilla ya no tengan los mismos demonios porque sin querer... Ya eran mis amigos.


Entre gritos y palabras soeces se demostraban el odio y resentimiento que ambos se habían guardado. Ella con un pasado nada esplendoroso, su madre nunca le dio muestra de cariño, y muy joven tuvo que ser independiente; su padre que muy pocas veces le dijo un "te quiero" hasta unos meses antes de su muerte tan cruel, pues entre dolor y llanto, agonizaba en el hospital, la vida le estaba cobrando todo el mal hecho, todo lo que había dañado, y aún así, ella estuvo a su lado, aún cuando desde muy pequeña este le había abandonado. Hasta el último aliento ella se quedó. Durante años buscaba una figura paterna, y ese ha sido su gran error pues creyó que su matrimonio con un hombre de 9 años de diferencia le daría todo lo que ella anhelaba, que equivocada estaba; Él con una familia sólida, hermanos que se apoyaban mutuamente, y aunque las peleas podían ser fuertes, todos estaba juntos cuando se trataba de sus padres. Educado con una actitud machista y poco sensible, su vida se vio envuelta en la guerra, y forjó un carácter lo suficientemente fuerte como para no tener miedo a nada. Fue atendido toda su vida, desde muy joven siempre sus 7 hermanas le sirvieron, esa era la educación de aquellas épocas.

Ambos jugaron al amor a primera vista y en un mismo año, fueron amigos, novios y esposos. Así pasaron 25 años de matrimonio y como cualquier otro, nada había sido fácil. Este matrimonio estaba quebrado por dentro, podrido de tanta mentira, porque ni aún con la llegada de dos hijas se logró cambiar la situación.


A mi mala suerte siempre estuve en el peor momento para darme cuenta de las cosas, he de creer que es una maldición que me seguirá hasta el final, porque aunque en mis silencios guarde secretos, siempre puedo afirmar que mis ojos llegan la mayor parte de las verdades. Desde muy pequeña supe que el matrimonio se iría por un caño, desde muy pequeña sabía lo que era el concepto de ser "infiel", y muy pequeña aprendí que la imagen que me pintaban de familia perfecta era irreal, y que no habría ninguna familia que fuera feliz con solo quererse... Aunque francamente existen excepciones porque hay una en particular que me ha demostrado que sólo basta con estar juntos para sentir que todo va caminando de la mejor manera, que a pesar de los huracanes la familia puede ser unida... Y sinceramente, tengo mucha envidia, porque quisiera ser tan amada dentro de un hogar, que se compartieran las responsabilidades que son pesos para el alma, saber que el apoyo estará ahí y sentir que puedo mantener eso por mucho tiempo, sin embargo, no me tocó tener esa clase de familia...

Entre secretos que creyeron que nadie sabría, ahí estaba yo. Ambos en su mundo creyendo que nadie les vería, creyendo que nadie leería aquellos textos de su segundo hogar, o las cartas de amores pasajeros, que no parecían ser de un día o de meses. Estaba en mi mejor momento para disfrutar lo que era vivir la adolescencia, y no lo disfruté como esperaba. Viví en soledad porque nadie podía escucharme, porque nadie sabía darme un consejo, porque simplemente me cerraba y lloraba lo que podía en mi almohada de oso que aún conservo. Los años se hicieron más pesados y poco a poco fui liberando esos sacos de piedras que se incrustaban como cuchillos en mi espalda, en el cual, cada paso que daba era una herida más profunda. Dejé que todo me consumiera hasta estar al borde de rogar a la muerte que me llevara, queriendo ser su amiga, y acompañarla en su búsqueda del alma perfecta.


Sin embargo, ese deseo se fue desvaneciendo, pero se transformaron en otra clase de martirios, de los cuales el último marcó el inicio del desarrollo de un corazón frío, y un cuerpo que sólo está presente en la casa pero que su mente explora épocas de las cuales crea nuevas historias. Puesto que, a sus progenitores no les debía nada más que cortesía, respeto y poca obediencia mientras formaba su propia vida fuera de todo ello.

En los últimos meses se destapó una parte de la cruda verdad pues su matrimonio llegó hasta la última gota de paciencia. Ella declarando estar enamorada de otra persona, y él en su agonía de haberse partió en dos su orgullo de hombre, comenzaron los encuentros cada noche. Palabras fuertes y resentimientos guardados por años salieron a la luz. Buscan quien esté de su lado, y siendo sincera, no estoy dispuesta a formar bando, lo que me ha provocado la guerra en mi contra aunque yo me considero como espectadora, están necios de hacerme parte de esta obra. 

Golpes que quieren relucir, se detienen al primer grito, llantos que se escuchan entre las paredes, los perros ladrando y yo encerrada en mi habitación, esperando la siguiente mañana para comenzar mi rutina diaria.

El telón se cierra, parece que aún no hay final definido, aunque el autor ya ha revelado una parte de cómo acabará esta escena. Cada quien se va a descansar a soñar en su próximo diálogo y en cómo tener ventaja de la situación; ambos están muy equivocados... Pero al final, no me queda hablar mucho, pues como he dicho solo soy una más del público.



-Hablando sola