jueves, 22 de agosto de 2019

Máscara perfectas.

Escuché sus suplicas, escuché su arrepentimiento, rogaba a Dios prometiendo un cambio severo, pedía otra oportunidad... Su esposo como hombre frágil y encantado por sus palabras la ha perdonado. Recordé las escenas que viví hace años, y que por su constancia se habían vuelto una rutina; Ella en su afán de buscar un aire fraternal, no le bastaba con el calor de su pareja, buscaba más, siempre quería más; y ahí estaba yo, presenciando en silencio cada una de sus aventuras, y al igual que ella, su esposo también tenía una doble vida. Las pocas veces que me detuve a pedir explicaciones sobre lo que pasaba, donde creì tener todo el derecho de reclamar sobre el camino de la familia, junto con mi valor y mi enojo solicitaba algo más que una razón, al final entre lágrimas de una madre caía rendida pidiéndole perdón sabiendo que yo no había cometido ningún error.  Así, pasaron los años y el protocolo se repetía, hasta que puse fin a ello, y como sabrán, vivo entre enojos y resentimientos porque parece que ellos no comprenden mi sentir, y es que muchas veces soy fría, y no puedo evitar tener un tono severo. 

Por un momento, en aquella escena de arrepentimiento creí en lo que escuchaba, creí por un instante que realmente quería cambiar, que no repetiría uno de esos errores, y que posiblemente solo quería llevar su matrimonio en paz o llegar a algún acuerdo porque sabía de cualquier forma saldría perdiendo. Me equivoqué. Esa noche solo fue un desliz, pues al día siguiente desperté con buena actitud, luego de estar en cama dos días por la conjuntivitis y la infección en la garganta que me había atado a la casa, sin ningún lugar donde ir, ya que era costumbre mía no pasar mucho tiempo en casa. Bajé a desayunar y ahí estaba ella con su amante conversando con biblia en mano. Me llené de asco, y subí a mi habitación. Unos minutos después, ella entró al cuarto, con una sonrisa dibujada me llevó el desayuno a la cama, sin mediar palabra y con una mirada de recelo que le lancé, se retiró. A los segundos volvió a entrar y me dijo que no podía estar enojada, que no debía llenar mi corazón con resentimiento. No respondí nada a ello. Al contrario, una risa sarcástica brotó de mi labios. Cuánto hubiese querido salir corriendo como en otras ocasiones lo he hecho, sin embargo, la mala suerte estaba de mi lado, enferma y sin muchas energías solo podía estar en cama, no podía mantenerme en pie mucho tiempo, la fiebre y la pesadez del cuerpo me dominaban a pesar lo animada que en un inicio estaba. No me quedó remedió más que encerrarme y dejar pasar las horas...

El afecto que les tengo es el respeto que como hijo debo tenerles, les agradezco tantos esfuerzos por criarme, por el estudio, por una vivienda y por una media infancia buena, de la cual aprendí muy joven que las familias perfectas no existen, y eso no es tan malo del todo.

He perdido la fe en muchas cosas, me he alejado de muchas personas, y he ganado nuevas virtudes que para otros pueden ser defectos, en mi familia he perdido las esperanzas de reconstruir una ilusión de un buen hogar. Es curioso, las personas que nos han rodeado este tiempo, conocen a mi madre como una mujer ideal, madre perfecta, dama trabajadora, y buena esposa,  posee un carisma muy particular y es capaz de encantar a cualquiera, tiene un don. Mi padre en silencios y con respeto se mantiene al margen, con pocos amigos en la colonia, y pocos que cruzan palabras con él, lo consideran el esposo ejemplar, el padre que todos quieren tener, porque hasta mis propias primas lo quisieran a él sus vidas con esa presencia fraternal que emana. Sus hijas, como niñas obedientes, que se encuentran guardadas en casa como muñecas de porcelana, incapaces de juntarse con el pecado, fieles creyentes y con buenos modales; ninguno conoce nuestros nombres por completo, creen que esta casa todo es armonía. Se equivocan... Ella tiene sus defectos, y no sabe manejar la consecuencia de sus errores, aún cuando es afectiva, no quita la ira que puede desenfrenar con cualquier cosa, no controla sus impulsos, tiene muchas facetas, de las cuales en algún punto de mi vida las utilicé para crear múltiples personajes en historias anteriores; Él como un hombre machista, sin preocupación alguna solo lanza el dinero y espera que sea administrado, pide comida y ropa en la palma de la mano, puede mantener dos vidas, y aún no he descubierto el secreto de esa historia. Y mi hermana y yo, puedo decir que somos buenas hijas... Pero que en realidad muy poca gente conoce nuestra verdadera esencia, nuestros verdaderos placeres, gustos y disgustos; y que en lo personal ni siquiera mis padres saben todo eso de mi.

La lluvia ha sido constante en visitarme, se pasea por mi ventana, lava toda impureza y toda tristeza, se quiere llevar mis versos porque le parecen llenos de decepción. Me mira quebrada y a la vez con un brillo en los ojos que parece inexplicable... No parece entenderme, y no le culpo, pues yo tampoco me comprendo del todo, puesto que a pesar de ello, me siento completa en cierto modo...


-Hablando sola.

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