martes, 15 de septiembre de 2020

Las cartas de Naima – III


“Entre viejas cartas mis recuerdos estaba guardando. Te busqué en mi pasado y vagamente tu apellido he recordado, tu rostro se hace borroso, pero aún en mis sueños puedo reconocer tu silueta. ¿Dónde estás, y por qué te estoy olvidando? ¿Será que la soledad está consumiendo lo único que quiero recordar?... Es cierto, hace mucho que te marchaste.

Hace unas semanas en mis sueños te ví corriendo, sabía que me buscabas y en pequeños espacios te detenías a observar el panorama, al no encontrar nada y seguiste tu camino. Bajo la luz de un faro, mi figura te estaba esperando, sin poder mover mi cuerpo, tu nombre estuve gritando. Te perdiste en la oscuridad y el ruido de tus pasos se fue desvaneciendo.

Poco a poco esos sueños fueron cambiando, sin embargo, tu presencia sigue aquí, el olor a tu perfume está impregnado en mi habitación. Las flores que alguna vez me obsequiaste están en un libro, secas y sin perder su aroma. Tengo cada regalo, hasta unas hojas del parque en donde solíamos caminar por las tardes. Que buena época tuvimos juntos.

Encontré a tu viejo amor de primavera, está muy cambiada, tiene el cabello largo y teñido de color miel. Esos ojos que adorabas aún tienen su encanto. Al parecer no tiene a nadie, creo que tampoco logra olvidarte. También ella te ha escrito y tuve el cinismo de leer las letras que ella con tanto cariño escribió para ti. Es una aficionada, no tiene la delicadeza para trazarte en el arte de la escritura, no se detiene a leer lo que sus manos y el poco potencial de escribir han hecho; lanza sus ideas y se trasforma en un cliché. Sé que no te gusta que sea muy crítica con ella, pero ¿Qué esperabas? Me pidió una opinión, fui tan sensata que rompí sus cartas. Quiere ir a buscarte, iba por el camino equivocado, le di una pequeña ayuda para que veas todo el amor que aún te tengo que dejo que ella se encuentre contigo.

El guardia del cementerio me aseguró que ambos cuerpos pueden estar juntos, llevé unas flores para adornar el momento. Tienen tanto en común, que al igual que tú, Adeline también me dedicó su último suspiro.”

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

“Mutatio”

Hace un  tiempo que no escribo sobre mí. Sobre los últimos acontecimientos que me han llevado hacia la libertad. Sobre aquellos sensaciones inexplicables de paz y tranquilidad.

Hace unas semanas que abandoné mi vieja rutina para comenzar una nueva, y esta vez ya no estoy sola. Mis padres teniendo meses sin hablar entre ellos, aún con la noticia no se dirigieron la palabra. Mi papá con toda la serenidad que le envestía, su mirada de profunda tristeza lo delataba, pues una de sus hijas se marchaba; Mi madre en absoluta negación, creyó que solo era una formalidad, que tomaría su tiempo para accionar. Su razonamiento equivoco la llevó a un colapso emocional, pues su mano derecha, su pájaro enjaulado se iba a liberar… y así fue, en poco tiempo  me desplacé de lugar.

Los días han avanzado y el olor a café por las mañanas se ha hecho presente y aunque no beba ni un sorbo, sirvo el café en una taza blanca todos los días alrededor de las 6:30 y 7:00 de la mañana; excepto los domingos, esos días dejamos caer nuestros cuerpos con profundo descanso de una semana llena de tareas, trabajo y quehaceres. Tomando un desayuno a las 12:00 del mediodía.

Cambié de casa pero no de hogar, mi hogar siempre ha estado en él. Tener un compañero de vida es completamente nuevo, un verdadero cambio. Pasar de despertar sola en la frialdad de mi cama a despertar en unos brazos cálidos que durante la madrugada se aferran a mi cuerpo como protegiéndome de algo, y ¿saben? Es algo realmente tierno.

La rutina ya no era de una persona, se ha vuelto de dos. Ya no desayuno sola, los almuerzos se han vuelto más pasables y ya puedo cenar con tranquilidad. Nuestra hija canina es más juguetona y aunque no la deje subirse a la cama, siempre llega a despertarme por las mañanas.

Durante sus días más cansados, cae dormido en poco tiempo y me agrada observarle, saber que  a mi lado puede recuperar un poquito de energía. Se mira tranquilo, y muy dulce cuando duerme. En algunas ocasiones ha perdido la noción del tiempo creyendo que es el día siguiente, o durante la madrugada se levanta pensando que ya es tarde; su vida es muy pesada y aunque tenga sus ocupaciones ahí estoy a su lado, tratando de comprender cómo logra manejar tantas cosas a la vez. Francamente le admiro mucho.

A veces soy demasiado intensa con mis emociones, a veces muy sensible y otras veces demasiado enérgica; teniendo mis episodios de crisis, y aún con todo su cansancio, se sienta a mi lado para abrazarme. Nos quedamos en silencio o conversamos sobre todo y nada, siempre dice que la base de una buena relación es la comunicación, y tiene mucha razón.

Estamos a pocas semanas de cumplir cinco años, y aunque se complicó el año pasado, aquí estamos, saliendo a flote porque cada uno sabe que esto vale la pena. Estando bajo un mismo techo no será sencillo darle sorpresas como antes, pero alguna cosa se me podrá ocurrir. Él es alguien que merece toda la felicidad, merece ser tan feliz tal y como yo lo soy a su lado. Sintiéndome completa, ya no somos dos, somos uno solo.

Dejé de hablar sola.

 

 

 “Quiero que seas lo primero que vea en las mañanas y lo último que mire cada noche” – Víctor Ventura.