Hace un tiempo que no escribo sobre mí. Sobre los últimos acontecimientos que me han llevado hacia la libertad. Sobre aquellos sensaciones inexplicables de paz y tranquilidad.
Hace unas
semanas que abandoné mi vieja rutina para comenzar una nueva, y esta vez ya no
estoy sola. Mis padres teniendo meses sin hablar entre ellos, aún con la
noticia no se dirigieron la palabra. Mi papá con toda la serenidad que le
envestía, su mirada de profunda tristeza lo delataba, pues una de sus hijas se
marchaba; Mi madre en absoluta negación, creyó que solo era una formalidad, que
tomaría su tiempo para accionar. Su razonamiento equivoco la llevó a un colapso
emocional, pues su mano derecha, su pájaro enjaulado se iba a liberar… y así
fue, en poco tiempo me desplacé de lugar.
Los días
han avanzado y el olor a café por las mañanas se ha hecho presente y aunque no
beba ni un sorbo, sirvo el café en una taza blanca todos los días alrededor de
las 6:30 y 7:00 de la mañana; excepto los domingos, esos días dejamos caer
nuestros cuerpos con profundo descanso de una semana llena de tareas, trabajo y
quehaceres. Tomando un desayuno a las 12:00 del mediodía.
Cambié de
casa pero no de hogar, mi hogar siempre ha estado en él. Tener un compañero de
vida es completamente nuevo, un verdadero cambio. Pasar de despertar sola en la
frialdad de mi cama a despertar en unos brazos cálidos que durante la madrugada
se aferran a mi cuerpo como protegiéndome de algo, y ¿saben? Es algo realmente
tierno.
La rutina
ya no era de una persona, se ha vuelto de dos. Ya no desayuno sola, los
almuerzos se han vuelto más pasables y ya puedo cenar con tranquilidad. Nuestra
hija canina es más juguetona y aunque no la deje subirse a la cama, siempre
llega a despertarme por las mañanas.
Durante
sus días más cansados, cae dormido en poco tiempo y me agrada observarle, saber
que a mi lado puede recuperar un poquito
de energía. Se mira tranquilo, y muy dulce cuando duerme. En algunas ocasiones
ha perdido la noción del tiempo creyendo que es el día siguiente, o durante la
madrugada se levanta pensando que ya es tarde; su vida es muy pesada y aunque
tenga sus ocupaciones ahí estoy a su lado, tratando de comprender cómo logra
manejar tantas cosas a la vez. Francamente le admiro mucho.
A veces
soy demasiado intensa con mis emociones, a veces muy sensible y otras veces
demasiado enérgica; teniendo mis episodios de crisis, y aún con todo su
cansancio, se sienta a mi lado para abrazarme. Nos quedamos en silencio o conversamos
sobre todo y nada, siempre dice que la base de una buena relación es la
comunicación, y tiene mucha razón.
Estamos a
pocas semanas de cumplir cinco años, y aunque se complicó el año pasado, aquí
estamos, saliendo a flote porque cada uno sabe que esto vale la pena. Estando
bajo un mismo techo no será sencillo darle sorpresas como antes, pero alguna
cosa se me podrá ocurrir. Él es alguien que merece toda la felicidad, merece
ser tan feliz tal y como yo lo soy a su lado. Sintiéndome completa, ya no somos
dos, somos uno solo.
Dejé de
hablar sola.
“Quiero que seas lo primero que vea en las
mañanas y lo último que mire cada noche” – Víctor Ventura.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario