martes, 18 de febrero de 2020

Noches de papel


En la oscuridad de la noche, mi madre reposó en mi habitación. Me tomó entre sus brazos, como cuando ave protege a su cría… Con tono suave se acercó hasta mi oído:

-      - ¿Por qué ya no me quieres, hija?

-       -Mamá… Sí la quiero… - respondí soñolienta.

-   -No, tú ya no me quieres… Dame cariño como lo hacías antes, como cuando jugabas conmigo, y tu risa era mi risa.

Mi silencio se hizo presente y ella me acompañó. Había olvidado lo que era ser cariñosa con ella, había olvidado esos días en los que solo vivía mi infancia sin importar lo que sucedía, sin entrar a la maldición de estar en el momento menos indicado. Cuando creía que la familia lo era todo, y que nunca me harían daño porque me amaban, porque era parte de ella… Era curioso, nunca me sentí parte de ese círculo. Mi mente estaba bloqueada, y el cansancio del día me obligaba me impedía recordar, deseaba descansar.

La mañana siguiente, ella ya no estaba. Dejando el café servido, el pan tostado sobre la mesa, había salido a sus habituales aventuras. Mi hermana se alistaba para ir a la iglesia; y yo… reuniendo las ganas para mis labores.

Cada sábado por la mañana me bañaban en sermones del por qué había dejado de asistir a la iglesia. Cada sábado por la mañana respondía lo mismo “Tengo cosas que hacer” y sin más explicación arreglaba las cosas de la casa y luego salía en marcha. Mi hermana me observaba con unos ojos que destilaban tristeza. Mi padre no me dirigía la palabra y cuando mi madre estaba en casa, solo eran gritos, reclamos y malos entendidos.

Entre las distintas clases de discusiones, había notado la cercanía de mi madre hacia mi papá, eso no era normal. Los dejé ser. Con el paso de las semanas descubrí el truco de esas caricias de esposa, esos chistes sin sentido para entrar en conversación con mi papá… Ella buscaba una salida económica para irse del país, y la única persona segura que podía darlo, era él.

¡Ay, que ingenuos! Si supiera que ella aún sigue viendo su amante, si supiera que él ya está haciendo otra vida… Si ambos supieran que lo sé todo. Juegan a saber quién más listo, el más astuto y el que no las lleva de perder.

Paso como fantasma dentro de esta casa, mis mascotas ya no me saludan, se quedan dormidas cuando aparezco luego de un día largo, y en la mañana solo piden agua y salen a sacudir sus melenas. Cada noche subo a mi habitación, sin mayor sonido, la puerta se cierra lentamente. Me sumerjo entre mis letras y mis cuentos; la luna busca una nueva historia, y cada semana trato de darle una buena. Me mira con cierta cautela, mis historias no le son suficientes… No entiende que a veces uno escribe para sí mismo.

Me desvelo entre noches de papel, creando algo bueno. He perdido el toque de escribir; aun así es mi única forma de salir de la realidad que me persigue, las letras se quedan con mis tristezas y hacen eterno mi enamoramiento. Aniquilan los nudos de mi garganta y cuando leo mis escritos, me enseñan el recorrido que llevo. Hace que el peso de una desgracia de familia como la mía, sea liviano.

El día se ha acabado, el café sigue en la mesa, frío y sin dueño…


- Hablando sola

domingo, 9 de febrero de 2020

Segunda nota del año.


“Enero se había marchado, las ganas de escribir volvían simultáneamente. El cansancio era más pesado, a pesar de ello las ansiedades por las crisis existenciales del mañana habían disminuido. El cielo se viste de rosa, el sol pinta las nubes de tonos dorados y naranjas. El frío se estaba yendo para la entrada calurosa de marzo y abril; febrero solo preparaba el terreno. El trabajo estaba próximo a terminar, así eran las pasantías, temporales en su esencia. Me preocupaba un poco el no encontrar nada apropiado. Estancada en el proceso de graduación sentía que el tiempo se detenía pero al mismo volaba sin dar un alivio. Sin embargo, no podía ser tan pesimista, estaba logrando muchas cosas, sentía que todo estaba caminando a su ritmo.

Mis padres estaban en estado rojo, la intolerancia y el egoísmo estaban en su sangre, mi hermana en una burbuja de cristal que se estaba agrietando cada día. Esperaba paciente a que terminara de quebrarse, quizá así ella sabría que hay cosas como el matrimonio de ellos que no valen la pena de intentar arreglar. Había muchos detalles respecto a este que ya no me eran tan importantes, y aunque la rabia y el estrés de vivir bajo un techo en el que no existe nada estable trataban de consumirme, una barrera estaba creada especialmente por mí.

Entre esos pensamientos, estaba a unos días en que se cumplirían un año cuando el infierno me atrapó, eran recuerdos amargos que no valían la pena tener presentes pero que al mismo tiempo eran espejos para no cometer los mismos errores. Había avanzado mucho. Sin embargo, no podía evitar sentirme en varias ocasiones una hija de puta por todo lo que había pasado, fui una porquería de persona; y estaba consciente de ello. Me lamentaba el hecho de no poder borrar esos días, son cosas que habían pasado y ya estaban marcadas en mi vida. Sabía que los desequilibrios emocionales habían provocado todo aquello… Aún así, no justifica haber lastimado a la persona que amo. Pero tenía que estar de acuerdo con que eso ya había pasado y solo debía tener en cuenta lo que había aprendido, aún cuando habían cosas que seguían sanando.

Tuve una segunda oportunidad, en realidad tuve suerte. Actualmente me siento muy afortunada. Es la persona ideal. Mi pequeño escritor me demostraba que a pesar de las circunstancias todo tenía una solución. Vuelvo a tenerlo todo. Hemos avanzado demasiado, y créanme que vuelvo a ser la mujer más afortunada…

Ese amor que me tiene, era lo que me mantenía en pie, y lo sigue siendo. Escribo sobre él, y en como nuestra relación va creciendo. Sin embargo, ese espacio está reservado para compartirlo en otra ocasión. Solo puedo afirmar, que me siento tranquila.

Abro paso a mis escritos, iniciando con febrero. Las noches cambian cada vez, ya no se siente esa melancolía, tengo alternativas y una esperanza que todo esto acabará, que dejaré de vivir en el “hogar” que tengo, que habré invertido bien mí tiempo en la carrera de la cual pronto estoy a titularme. Tengo a alguien a mi lado, que adora mi perversidad y mi dulzura de una misma forma, sin miedos ni juzgamientos.

Buenas noches…”


-Hablando sola