“Enero se había marchado, las ganas de escribir volvían
simultáneamente. El cansancio era más pesado, a pesar de ello las ansiedades
por las crisis existenciales del mañana habían disminuido. El cielo se viste de
rosa, el sol pinta las nubes de tonos dorados y naranjas. El frío se estaba
yendo para la entrada calurosa de marzo y abril; febrero solo preparaba el
terreno. El trabajo estaba próximo a terminar, así eran las pasantías,
temporales en su esencia. Me preocupaba un poco el no encontrar nada apropiado.
Estancada en el proceso de graduación sentía que el tiempo se detenía pero al
mismo volaba sin dar un alivio. Sin embargo, no podía ser tan pesimista, estaba
logrando muchas cosas, sentía que todo estaba caminando a su ritmo.
Mis padres estaban en estado rojo, la intolerancia y el
egoísmo estaban en su sangre, mi hermana en una burbuja de cristal que se
estaba agrietando cada día. Esperaba paciente a que terminara de quebrarse,
quizá así ella sabría que hay cosas como el matrimonio de ellos que no valen la
pena de intentar arreglar. Había muchos detalles respecto a este que ya no me
eran tan importantes, y aunque la rabia y el estrés de vivir bajo un techo en
el que no existe nada estable trataban de consumirme, una barrera estaba creada
especialmente por mí.
Entre esos pensamientos, estaba a unos días en que se
cumplirían un año cuando el infierno me atrapó, eran recuerdos amargos que no
valían la pena tener presentes pero que al mismo tiempo eran espejos para no
cometer los mismos errores. Había avanzado mucho. Sin embargo, no podía evitar
sentirme en varias ocasiones una hija de puta por todo lo que había pasado, fui
una porquería de persona; y estaba consciente de ello. Me lamentaba el hecho de
no poder borrar esos días, son cosas que habían pasado y ya estaban marcadas en
mi vida. Sabía que los desequilibrios emocionales habían provocado todo
aquello… Aún así, no justifica haber lastimado a la persona que amo. Pero tenía que estar de acuerdo con que eso ya había pasado y solo debía tener en cuenta lo que había aprendido, aún cuando habían cosas que seguían sanando.
Tuve una segunda oportunidad, en realidad tuve suerte. Actualmente
me siento muy afortunada. Es la persona ideal. Mi pequeño escritor me demostraba
que a pesar de las circunstancias todo tenía una solución. Vuelvo a tenerlo
todo. Hemos avanzado demasiado, y créanme que vuelvo a ser la mujer más
afortunada…
Ese amor que me tiene, era lo que me mantenía en pie, y lo
sigue siendo. Escribo sobre él, y en como nuestra relación va creciendo. Sin
embargo, ese espacio está reservado para compartirlo en otra ocasión. Solo
puedo afirmar, que me siento tranquila.
Abro paso a mis escritos, iniciando con febrero. Las noches
cambian cada vez, ya no se siente esa melancolía, tengo alternativas y una
esperanza que todo esto acabará, que dejaré de vivir en el “hogar” que tengo,
que habré invertido bien mí tiempo en la carrera de la cual pronto estoy a
titularme. Tengo a alguien a mi lado, que adora mi perversidad y mi dulzura de
una misma forma, sin miedos ni juzgamientos.
Buenas noches…”
-Hablando sola
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