El mundo de un adulto se había vuelto un poco pesado, eso sin haber probado la cruda verdad de lo que era ser independiente por completo, estaba probando un 55% de lo que era la vida laboral.
Con la esperanza de obtener un año de experiencia para el 2020 intentaba toda clase de cosas para resaltar con un buen perfil. Comenzando con hacer bien mi trabajo a pesar de ser cambiada de unidad cada uno o dos meses, no me molestaba de hecho; aprendí a tener toda clase de jefes, unos rudos, otros con una envidiable paciencia, y uno que tenía pedagogía perfecta para enseñar todas las clases de procedimientos que se llevaban a cabo dentro de la institución.
Estaba teniendo problemas con el dinero, no estaba siendo bien administrado o me estaba acumulando de deudas que en su mayoría no eran mías. Era mi trabajo de hija, de alguna forma estaba devolviendo lo que mis padres habían hecho por mi, pero consideré que no era el momento indicado para derrochar lo poco que tenía, suena egoísta pero era razonable tener ese pensamiento.
Durante las jornadas laborales por medio segundo una pregunta dominaba mi mente, sabía qué aún tenía mucho por dar, pero la cuestión era "¿Qué era lo que tenía que dar?". Hasta la fecha sigo cuestionando todas las posibles repuestas. Pensaba en qué lugares desenvolvería mis conocimientos formados en la universidad; un abogado siempre debe leer, pero no estaba leyendo nada referente a la carrera, me había perdido en el mundo de las novelas policíacas de los años de 1960.
Con 23 años de edad creí tener el mundo a mis pies, "demostrando" entre diversas salidas la libertad que tenia para hacer lo que quería, estaba equivocada. Caí en cuenta que aun era hija de dominio y que por desgracia debía rendir cuentas a mis progenitores, sin embargo, aún me rehusaba a la idea de seguir bajo el mismo techo de esta casa que no era mi "hogar", el poco tiempo que pasaba aquí era para amargarme la existencia. Por ello, el trabajo, la universidad y las salidas de fin de semana me mantenían ocupada. Los reclamos recaían en las noches, me reprochaban el hecho de no pasar tiempo de calidad con la familia; con risa sarcástica me retiraba a mi cuarto para evitar conflictos.
Últimamente observaba a las demás personas, en su forma de vestir, expresarse, y todos los ademanes que se pueden utilizar en una conversación. Luego, comencé a analizar todo ese examen en mi. Me di cuenta que en años anteriores, lo primero que resaltaba de mi, era la inocencia que destilaba; ahora, era pura seriedad y compostura según opinión de personas del trabajo. En la universidad sólo me miraban ya "arreglada", un tanto más femenina a lo que la mayoría recuerda de mi. Mi pareja era la única persona que conocía mi crecimiento del 2015 hasta la fecha. Sabía cual era mi verdadera esencia y que a pesar de ser alguien cambiante, siempre quedaba algo de mi que me caracterizaba como la persona que ahora soy y que he sido siempre. Algo que no había tomado en cuenta, y un detalle que él me hizo hincapié, es que mi forma de comportarme dependía de las personas de las que estuviera rodeada puesto que la confianza que puedo tener con unas es diferente a otras; era extraño porque a pesar que el resultado de este examen no era negativo, no me sentía ni joven, ni vieja. Me miré por largo tiempo al espejo e incluso mi mirada era diferente, pero no podía colocar un rango en exactitud de dónde me encontraba. Concluí en el pensamiento absurdo de no haber logrado nada con mi vida en todo este tiempo. Creo que el problema era en el miedo que tenía del siguiente año, cuando la pasantía termine e inicie mis practicas sin devengar un sueldo; la falta de dinero me hará decaer y creer que voy a retroceder 10 pasos de los 5 que avancé. Ya dejé de ser estudiante y el paso de lo que es la vida afuera era lo que me estaba aterrando un poco. Sin embargo, había logrado muchas más cosas en estos 6 años de carrera, tanto personal como profesional y era muy estúpido de mi parte no estar orgullosa de hasta donde he llegado, me faltaba fe...
Por otra parte, había estado conversando con personas que vieron de lejos la caída que tuve meses atrás, no se necesitaba conversar mucho para que entendieran que en aquel tiempo, por dentro me estaba muriendo. Jonathan, mi amigo de primer año de universidad me comentó que me ha vuelto ese brillo en los ojos que tenía cuando mencionaba el nombre de quien estoy enamorada y que sabia perfectamente a quien le pertenecía mi corazón, ya que en ese aspecto siempre he sido transparente para hacer notar cuando una persona me hace feliz; francamente me conmovió el hecho de que una persona alejada a todo pudiera ver lo feliz que me sentía de haber retomado mi camino a pesar de las dificultades familiares y laborales que me consumían.
No lo puedo negar, estoy enamorada y me siento completa. Me llena de alegría que alguien está orgulloso de mi, y de mis logros; y que a pesar del desmadre que hay en mi, ama cada cosa que compone mi existencia...
Estoy en una etapa en la que es momento de buscar cómo lograr las metas que me había propuesto desde el 2015, pues ha sido desde entonces que me tomé con más seriedad mi futuro y con quien quiero compartirlo.
Sin mayor conclusión, esta noche es de dejar de pensar...
-Hablando sola.
Estaba teniendo problemas con el dinero, no estaba siendo bien administrado o me estaba acumulando de deudas que en su mayoría no eran mías. Era mi trabajo de hija, de alguna forma estaba devolviendo lo que mis padres habían hecho por mi, pero consideré que no era el momento indicado para derrochar lo poco que tenía, suena egoísta pero era razonable tener ese pensamiento.
Durante las jornadas laborales por medio segundo una pregunta dominaba mi mente, sabía qué aún tenía mucho por dar, pero la cuestión era "¿Qué era lo que tenía que dar?". Hasta la fecha sigo cuestionando todas las posibles repuestas. Pensaba en qué lugares desenvolvería mis conocimientos formados en la universidad; un abogado siempre debe leer, pero no estaba leyendo nada referente a la carrera, me había perdido en el mundo de las novelas policíacas de los años de 1960.
Con 23 años de edad creí tener el mundo a mis pies, "demostrando" entre diversas salidas la libertad que tenia para hacer lo que quería, estaba equivocada. Caí en cuenta que aun era hija de dominio y que por desgracia debía rendir cuentas a mis progenitores, sin embargo, aún me rehusaba a la idea de seguir bajo el mismo techo de esta casa que no era mi "hogar", el poco tiempo que pasaba aquí era para amargarme la existencia. Por ello, el trabajo, la universidad y las salidas de fin de semana me mantenían ocupada. Los reclamos recaían en las noches, me reprochaban el hecho de no pasar tiempo de calidad con la familia; con risa sarcástica me retiraba a mi cuarto para evitar conflictos.
Últimamente observaba a las demás personas, en su forma de vestir, expresarse, y todos los ademanes que se pueden utilizar en una conversación. Luego, comencé a analizar todo ese examen en mi. Me di cuenta que en años anteriores, lo primero que resaltaba de mi, era la inocencia que destilaba; ahora, era pura seriedad y compostura según opinión de personas del trabajo. En la universidad sólo me miraban ya "arreglada", un tanto más femenina a lo que la mayoría recuerda de mi. Mi pareja era la única persona que conocía mi crecimiento del 2015 hasta la fecha. Sabía cual era mi verdadera esencia y que a pesar de ser alguien cambiante, siempre quedaba algo de mi que me caracterizaba como la persona que ahora soy y que he sido siempre. Algo que no había tomado en cuenta, y un detalle que él me hizo hincapié, es que mi forma de comportarme dependía de las personas de las que estuviera rodeada puesto que la confianza que puedo tener con unas es diferente a otras; era extraño porque a pesar que el resultado de este examen no era negativo, no me sentía ni joven, ni vieja. Me miré por largo tiempo al espejo e incluso mi mirada era diferente, pero no podía colocar un rango en exactitud de dónde me encontraba. Concluí en el pensamiento absurdo de no haber logrado nada con mi vida en todo este tiempo. Creo que el problema era en el miedo que tenía del siguiente año, cuando la pasantía termine e inicie mis practicas sin devengar un sueldo; la falta de dinero me hará decaer y creer que voy a retroceder 10 pasos de los 5 que avancé. Ya dejé de ser estudiante y el paso de lo que es la vida afuera era lo que me estaba aterrando un poco. Sin embargo, había logrado muchas más cosas en estos 6 años de carrera, tanto personal como profesional y era muy estúpido de mi parte no estar orgullosa de hasta donde he llegado, me faltaba fe...
Por otra parte, había estado conversando con personas que vieron de lejos la caída que tuve meses atrás, no se necesitaba conversar mucho para que entendieran que en aquel tiempo, por dentro me estaba muriendo. Jonathan, mi amigo de primer año de universidad me comentó que me ha vuelto ese brillo en los ojos que tenía cuando mencionaba el nombre de quien estoy enamorada y que sabia perfectamente a quien le pertenecía mi corazón, ya que en ese aspecto siempre he sido transparente para hacer notar cuando una persona me hace feliz; francamente me conmovió el hecho de que una persona alejada a todo pudiera ver lo feliz que me sentía de haber retomado mi camino a pesar de las dificultades familiares y laborales que me consumían.
No lo puedo negar, estoy enamorada y me siento completa. Me llena de alegría que alguien está orgulloso de mi, y de mis logros; y que a pesar del desmadre que hay en mi, ama cada cosa que compone mi existencia...
Estoy en una etapa en la que es momento de buscar cómo lograr las metas que me había propuesto desde el 2015, pues ha sido desde entonces que me tomé con más seriedad mi futuro y con quien quiero compartirlo.
Sin mayor conclusión, esta noche es de dejar de pensar...
-Hablando sola.