Las noches de insomnio fueron desapareciendo poco a poco. Últimamente recordaba las pesadillas que tenia en aquellos episodios ingratos, los sueños que muy pocas veces fueron lucidos, extrañaba tener el dominio de estos.
Conforme el tiempo pasaba creí que me estaba volviendo loca con tanto sufrimiento interno y externo. Noche tras noche no faltaba mi alma juzgadora, quien en esencia, era mi reflejo en el espejo; observaba mi cuerpo, mi mirada, las marcas que estaba formando en toda mi piel, las ojeras que se habían vuelto más profundas; todo aquello que me estaba provocando desconocerme por completo. ¿Dónde estaba Gabriela? ¿Quién es la que está frente al espejo? Mi propia imagen se burlaba de mi... "Niña tonta, niña sumisa ¿No te das cuenta de tus idioteces?". Era muy cruel, pero era necesario.
Conforme el tiempo pasaba creí que me estaba volviendo loca con tanto sufrimiento interno y externo. Noche tras noche no faltaba mi alma juzgadora, quien en esencia, era mi reflejo en el espejo; observaba mi cuerpo, mi mirada, las marcas que estaba formando en toda mi piel, las ojeras que se habían vuelto más profundas; todo aquello que me estaba provocando desconocerme por completo. ¿Dónde estaba Gabriela? ¿Quién es la que está frente al espejo? Mi propia imagen se burlaba de mi... "Niña tonta, niña sumisa ¿No te das cuenta de tus idioteces?". Era muy cruel, pero era necesario.
Desde un inicio sabia que las cosas estaban yendo mal, sin embargo, me encerré en un burbuja lo suficientemente sólida durante unas semanas y lo suficientemente frágil para destruirla en un segundo; cuando la realidad cayó sobre mi, un colapso casi imposible de soportar me carcomió durante semanas, empecé a remendar cada situación que me estorbaba en mi propio crecimiento. Una búsqueda constante sobre mi felicidad y esa paz que había perdido. Y entre mis sueños estaba él, corriendo, buscando mi rostro, estando frente a él y no lograba verme. No sabia lo que significaba, pero me intrigaba tanto saber cual era el significado de esos sueños. Nunca lo supe con exactitud.
Los días fueron pasando y mis intentos de "felicidad" fallaban constantemente. Estaba en un infierno, pero no de esos en los que puedes calentar tu corazón y desencadenar la verdadera lujuria y deseo sincero. Era un infierno en el cual extrañamente me estaba congelando, volviéndome más simple, más directa, sarcástica, fría y con muy poco interés sobre las personas que me rodeaban. Mi vida era nada más un pasar de días sin sentido, no sabía exactamente que hacer, idealicé mil y un posibilidades de restablecer mi vida, pero todo era distinto, las personas, los tiempos, los sentimientos, lo sueños... yo precisamente. Estando en un mismo lugar y siendo una perfecta desconocida para los demás. Decidí enmarcar lo que verdaderamente quería... y así fue.
Comencé trabajando conmigo, y el proceso cruel y despiadado, me estaba dejando sin energías, pero los resultados eran más que satisfactorios. Mi sonrisa cambió, y mi mirada estaba en un solo ser, al único que quería en mi vida, pues más que comprobado, estaba completamente enamorada, y solo quería toda una vida con él. ¿Costaría? Sí, pero ya habíamos dado el primer paso, pues volvimos a colocar nuestras vidas el uno con el otro. No fue coincidencia, no fue pura casualidad, nuestras vidas nunca han sido llevadas por el destino, si queríamos estar juntos era porque se tenía decidido. Así se decidió, y valía la pena darlo todo una vez más.
Los sueños fueron cambiando, y las pesadillas me estaban abandonando, dijeron que irían de viaje, pero no saben que a su regreso, yo no estaré para recibirlas. Cambié mis expectativas, y mis pequeñas citas con la oscuridad de mi habitación donde desencadené cientos de pensamientos absurdos y con crisis emocionales, lagrimas tras lagrimas que recorrieron mis mejías, gritos que nunca salieron porque quedaron enredados entre los nudos de mi garganta, todo eso quedó en un rincón, apilado entre los viejos errores y las viejas inseguridades que alguna vez tuvieron importancia.
La luna volvió a mi ventana, su luz acariciaba mi alma, me ayudó a controlar mi respiración; me miró con cautela, examinando mi rostro, mi sonrisa, detallando qué brillo estaba en mis ojos. Era muy minuciosa. Sonrió al ver que no era una máscara más de las que usualmente utilizaba para el resto de mi entorno. Me preguntó sobre el dueño de mi corazón, le comenté nuestro pequeño encuentro, sin censuras detallé todo lo sucedido, sonrojada al escuchar mi anécdota, me deseó la mayor de las suertes, y la mayor de las felicidades. Me dejó un beso de buenas noches, y subió hasta el cielo para arrullarme durante el resto de la madrugada... Había pasado mucho desde su ultima visita que me parecía irreal su compañía. Me da pena por el sol pues nunca le acompañé a tomar una taza de café de las que siempre me ofrecía, pero es que mis anécdotas solo podían ser escuchadas por mi querida luna, mi esplendorosa luz de cada noche.
El descanso ha sido encantador, mi cuerpo viaja a una tranquilidad de la que hace mucho no tenía. Dicen que se han notado mis cambios y yo francamente veo solo un poco más largo mi cabello, unas pizcas de madures y carácter que me faltaba, pues no dejaré que vuelvan esos episodios que me provocaron el peor de mis encierros. Pequeños cambios que harán todo mejor, no quiero que nada sea incierto, pero tampoco que sea perfecto control. Hay cosas que no se pueden dominar pero lo que esté a mi alcance y para mi beneficio lo manejaré de manera más correcta. Basta de tanta agonía de problemas en los que ni por mi calidad de "hija" debo entrometerme... ni dejar que me incluyan en ellos, ya bastante tengo con mejorar otros aspectos, aún así tengo material para escribir...
¿Feliz? Como no tienen idea...
-Hablando sola.
Comencé trabajando conmigo, y el proceso cruel y despiadado, me estaba dejando sin energías, pero los resultados eran más que satisfactorios. Mi sonrisa cambió, y mi mirada estaba en un solo ser, al único que quería en mi vida, pues más que comprobado, estaba completamente enamorada, y solo quería toda una vida con él. ¿Costaría? Sí, pero ya habíamos dado el primer paso, pues volvimos a colocar nuestras vidas el uno con el otro. No fue coincidencia, no fue pura casualidad, nuestras vidas nunca han sido llevadas por el destino, si queríamos estar juntos era porque se tenía decidido. Así se decidió, y valía la pena darlo todo una vez más.
Los sueños fueron cambiando, y las pesadillas me estaban abandonando, dijeron que irían de viaje, pero no saben que a su regreso, yo no estaré para recibirlas. Cambié mis expectativas, y mis pequeñas citas con la oscuridad de mi habitación donde desencadené cientos de pensamientos absurdos y con crisis emocionales, lagrimas tras lagrimas que recorrieron mis mejías, gritos que nunca salieron porque quedaron enredados entre los nudos de mi garganta, todo eso quedó en un rincón, apilado entre los viejos errores y las viejas inseguridades que alguna vez tuvieron importancia.
La luna volvió a mi ventana, su luz acariciaba mi alma, me ayudó a controlar mi respiración; me miró con cautela, examinando mi rostro, mi sonrisa, detallando qué brillo estaba en mis ojos. Era muy minuciosa. Sonrió al ver que no era una máscara más de las que usualmente utilizaba para el resto de mi entorno. Me preguntó sobre el dueño de mi corazón, le comenté nuestro pequeño encuentro, sin censuras detallé todo lo sucedido, sonrojada al escuchar mi anécdota, me deseó la mayor de las suertes, y la mayor de las felicidades. Me dejó un beso de buenas noches, y subió hasta el cielo para arrullarme durante el resto de la madrugada... Había pasado mucho desde su ultima visita que me parecía irreal su compañía. Me da pena por el sol pues nunca le acompañé a tomar una taza de café de las que siempre me ofrecía, pero es que mis anécdotas solo podían ser escuchadas por mi querida luna, mi esplendorosa luz de cada noche.
El descanso ha sido encantador, mi cuerpo viaja a una tranquilidad de la que hace mucho no tenía. Dicen que se han notado mis cambios y yo francamente veo solo un poco más largo mi cabello, unas pizcas de madures y carácter que me faltaba, pues no dejaré que vuelvan esos episodios que me provocaron el peor de mis encierros. Pequeños cambios que harán todo mejor, no quiero que nada sea incierto, pero tampoco que sea perfecto control. Hay cosas que no se pueden dominar pero lo que esté a mi alcance y para mi beneficio lo manejaré de manera más correcta. Basta de tanta agonía de problemas en los que ni por mi calidad de "hija" debo entrometerme... ni dejar que me incluyan en ellos, ya bastante tengo con mejorar otros aspectos, aún así tengo material para escribir...
¿Feliz? Como no tienen idea...
-Hablando sola.
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