"La pasantía había terminado, y dos semanas antes busqué
un trabajo para no caer en el desempleo. Día tras día resonaban las palabras de
Fermín Romero de Torres “El destino no es a domicilio, debes ir por él”;
dejando el ministerio público el 12 de febrero, entré a una oficina jurídica
que me demandaría todo lo estudiado en mis seis años de carrera. Cambié de
ambiente laboral.
Durante las mañanas el viento dejó de jugar con mi
cabello y el cielo dejó de ser rosa. Cambié de vestimenta, dejé las zapatillas
por zapatos altos. Siempre odié los centros comerciales, y para mi mala
suerte, la oficina estaba adentro de uno. Meses atrás en ese mismo centro
comercial, realicé varias auditorías a establecimientos comerciales, entre
ellos una tienda deportiva, ahí conocí a Ed, Crista y Jonathan, aunque este
último ya tenía referencia sobre mí. Estuve con ellos un mes, mi trabajo me
había encomendado auditar la emisión y entrega de documentos fiscales. Jonathan
ya sabía de mi existencia, pues en esa tienda, mi pareja había trabajado ya
hace un tiempo atrás y habían sido compañeros de trabajo. No me costó crear
buen ambiente con ellos, pues la autoría iba durar un buen periodo. Jonathan me
habló de sus dibujos, era el típico hombre que babeaba por cualquier mujer, parecía
un adolescente en calentura con cada dama que se paseaba; Crista fue tímida,
pero luego la risa la invadía, se divertía tanto con las tonterías que decía y los
juegos que se manejaba con Jonathan, eran dos empleados que creían estar en la
guardería. Ed, era el jefe de tienda, tenía la madurez necesaria para
manejarla, sus años de experiencia se lo habían concedido, sin embargo, tenía
la suficiente inmadurez para hacer caso a bromas sin sentido y pésimos chistes.
Creé un buen lazo con ellos; Ed por ejemplo, escuchó mi historia, supo sentir
lo que yo había vivido todo el año y me aseguró que todo lo que había vivido me ayudó a ser quien era y que la persona que estaba a mi lado lo sabía muy bien. Ed sin
mucho esfuerzo supo distinguir que era alguien emotiva, y que mi corazón era
demasiado noble, sin embargo sabía lo fuerte que podía ser. Sabía que amaba a
una sola persona y que mi cambio de rostro era radical cuando aparecía esa
persona, se me notaba otra luz… se me miraba feliz, y hasta la fecha afirmo que
no se equivocaba. Me comentó su vida y de lo enamorado que estaba de su novia,
me conmovía demasiado, sus ojos brillaban y cuando menos se daba cuenta, cuando
se refería a ella hasta su sonrisa era diferente, era esa clase de caballero
que se dedicaba a amar solo a una. Supongo que en ese aspecto coincidimos muy
bien, ambos sabíamos el valor de querer a alguien.
Dicen que las cosas suceden por algo, la oficina en la
que había entrado estaba a unos locales de la tienda deportiva. Luego de unos
meses volví a saludar a mis viejos amigos, Jonathan ya no estaba, se le había
trasladado a otra tienda; Crista seguía un poco tímida pero al pasar diez
minutos entraba en confianza, y un nuevo empleado estaba en el lugar de
Jonathan, su nombre era Antonio y aunque su apariencia era de 24 años, su edad
cuadraba los 19 años. Ed decía que se alborotaba al ver o tratar de conversar
con niñas, y eso era verídico, Crista y yo podíamos dar fe de ello. Pasaba mis
25 minutos de almuerzo y unos 15 minutos a la salida del trabajo en la tienda.
Los tres lograban sacar un poquito el estrés que cargaba diario, les debo
bastante.
El nuevo trabajo era completamente distinto a lo que
realicé el año anterior, pero completamente conocido a lo que había estudiado
en la Universidad. Un ambiente tétrico y apagado. Las personas que laboraban
ahí doblaban su edad real, las arrugas eran causas del estrés. Hasta los
papeles querrían salir volando de ahí, porque al dar las ocho en punto de la
mañana la tortura comenzaba.
El cubículo de mi jefa era un clásico escritorio de
madera con un cristal encima, a un lado una repisa de todas las leyes,
recopilaciones de estas y libros de derecho, las de ella y las de su hijo. Otro
escritorio lleno de documentación de viejos procesos judiciales, compra ventas
pendientes, notificaciones de demanda, y viejos archivos de denuncia que había
recibido en su contra por maltrato laboral, sin embargo sus años de experiencia
le respaldaban con buenos contactos para no salir de su zona de confort. Había
alrededor de 13 personas trabajando para ella, yo dentro de esa suma. Se
manejaban diferentes diligencias, desde testamentos, aceptación de herencias,
poderes, inscripciones, hasta actos jurídicos como compra ventas, arrendamientos
y autorizaciones, entre otras. Había mucho por conocer, la bodega estaba llena
de historia de todo el trascurso de su carrera, sus libros de protocolo
figuraban alrededor de 700 escrituras por año; los archivos de los documentos
privados estaban en otro lado y eran alrededor de 127 cajas que podían tener en
el lugar, las demás estaban en otra bodega.
Mi superiora era una mujer mayor de sesenta y siete años
de edad, estresada de la vida y del trabajo. Había sufrido de cáncer mamario, y
una bacteria que casi la conlleva a la muerte. Poseía un basto conocimiento
sobre el derecho, sin embargo, trataba a las personas como inútiles, decía que
eran personas con mente podrida y que nunca podrían llegar lejos. Las
humillaciones eran a diario, y nadie podía decir nada. Ronaldo, llevaba dos
años trabajando para ella, y decía que había visto alrededor de 35 personas
entrar y salir por año, que eran pocos los que terminaban la semana y valientes
los que soportaban la quincena. Flor, llevaba más tiempo a su servicio, aún con
sus intentos de denuncia sobre el maltrato que recibían, no se marchaba del
lugar, día a día decía que estaba ahí por idiota, pero la compañía de Susana le
hacía soportar un poco más. Evy, una de las más jóvenes estaba estudiando
derecho, en su tercer año tuvo que dejar la carrera, por causa de su hija y que
su esposo había perdido su empleo; Desde un inicio todos fueron amables, hasta
flor que era la más seria, ahora me sonríe y cada mañana me saluda con un nuevo
chiste. Los primeros 15 días fueron horribles y al completar el mes, sentía a
decaer, nunca me había sentido más estúpida que en ese lugar, sus maneras de corregir
eran las más crueles, pero sabía que debía aprender, la experiencia que necesitaba
la iba a obtener de ese lugar.
El tiempo se me hizo corto, y el cansancio fue mayor,
pero valía la pena por todo lo que quería conseguir… Al final, estaba
preparando mi futuro, y con quién lo iba a compartir debía saber que estaba con
alguien que no se rendiría fácilmente."
-Hablando sola
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