lunes, 5 de octubre de 2020

Las Cartas de Naima - IV

 

“Los meses han pasado y no he vuelto a recibir una carta tuya, ni una flor, ni una esperanza de tu regreso. Hace ya muchas noches que dejaste de visitarme, de acompañarme con tu calidez y una buena taza de café, entre cuentos de buenas noches y reflexiones de las dos de la mañana ¿Qué ha sido de ti?

La librera tiene espacios vacíos, faltan tus historias de guerras, religión y política, tan bien que se te daba el debate y el diálogo de tales temas. El polvo decora la soledad de los estantes y mis libros se sienten olvidados ¿Dónde estás?

La luna pregunta tu paradero,  se me acaban las excusas. Cada noche deslumbra de gala con las estrellas para darte una sorpresa, se decepcionan cuando encuentran tu ausencia a la cita ya predispuesta. A mi me hacen a un lado, dicen que no te cuidé muy bien, que te dejé en el olvido y por eso te has marchado ¿Qué saben ellas de lo que he hecho por ti?

He encontrado tus fotografías y aunque no sean muchas, están guardadas en un cajón de madera, tu imagen se ha ido borrando poco a poco, tu firma al reverso y la fecha se están desvaneciendo. No está quedando registro ni de tu rostro. Tus cartas pierden su tinta, las letras se están muriendo, sienten la falta de su creador. Ya no tiene sentido leerlas, me carcome el corazón, y entran ganas de vomitar. ¿Por qué no estás?

Hace varias semanas dejé de buscarte, asumí mi perdida y he estado sumida en la soledad de mi habitación. En la penumbra de la noche, camino por los corredores tratando de encontrarte en alguna habitación de esta gran casa, quizá juegas a las escondidas y quieres asustarme, te gustan las bromas pesadas y sabes que aunque llore de un susto, puedo soportar cualquier cosa. ¿Por qué ya no juegas conmigo?

He visitado tu vieja casa, ha estado sola por mucho tiempo, riego las plantas y ordeno el correo; hace varias semanas se han llevado a tu perro, el pobre te esperó por mucho tiempo que la falta de alimentación y agua lo estaban matando, perdóname por no cuidarlo por ti, pero antes de tomarlo a mi cuidado, alguien más lo había hecho. Tu habitación está tan fría como siempre, con tu perfume intacto y tus viejos escritos a un lado del escritorio. ¿Volverás?

Las mañanas de octubre susurran tu nombre a través del viento y la oscuridad busca tu silueta por cada callejón. Cada día salgo en busca de alimento a mi esperanza, pero recuerdo que no volverás, que tu recuerdo se está yendo, y que tu alma se despide con un beso en cada sueño… Duermes eternamente en aquella caja de madera que hice especialmente para ti, enterrado en un viejo parque al que nadie visita."

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