“Los meses han pasado y no he
vuelto a recibir una carta tuya, ni una flor, ni una esperanza de tu regreso.
Hace ya muchas noches que dejaste de visitarme, de acompañarme con tu calidez y
una buena taza de café, entre cuentos de buenas noches y reflexiones de las dos
de la mañana ¿Qué ha sido de ti?
La librera tiene espacios vacíos,
faltan tus historias de guerras, religión y política, tan bien que se te daba
el debate y el diálogo de tales temas. El polvo decora la soledad de los
estantes y mis libros se sienten olvidados ¿Dónde estás?
La luna pregunta tu paradero, se me acaban las excusas. Cada noche deslumbra
de gala con las estrellas para darte una sorpresa, se decepcionan cuando
encuentran tu ausencia a la cita ya predispuesta. A mi me hacen a un lado,
dicen que no te cuidé muy bien, que te dejé en el olvido y por eso te has
marchado ¿Qué saben ellas de lo que he hecho por ti?
He encontrado tus fotografías y
aunque no sean muchas, están guardadas en un cajón de madera, tu imagen se ha
ido borrando poco a poco, tu firma al reverso y la fecha se están
desvaneciendo. No está quedando registro ni de tu rostro. Tus cartas pierden su
tinta, las letras se están muriendo, sienten la falta de su creador. Ya no
tiene sentido leerlas, me carcome el corazón, y entran ganas de vomitar. ¿Por
qué no estás?
Hace varias semanas dejé de
buscarte, asumí mi perdida y he estado sumida en la soledad de mi habitación.
En la penumbra de la noche, camino por los corredores tratando de encontrarte
en alguna habitación de esta gran casa, quizá juegas a las escondidas y quieres
asustarme, te gustan las bromas pesadas y sabes que aunque llore de un susto,
puedo soportar cualquier cosa. ¿Por qué ya no juegas conmigo?
He visitado tu vieja casa, ha
estado sola por mucho tiempo, riego las plantas y ordeno el correo; hace varias
semanas se han llevado a tu perro, el pobre te esperó por mucho tiempo que la
falta de alimentación y agua lo estaban matando, perdóname por no cuidarlo por
ti, pero antes de tomarlo a mi cuidado, alguien más lo había hecho. Tu habitación
está tan fría como siempre, con tu perfume intacto y tus viejos escritos a un
lado del escritorio. ¿Volverás?
Las mañanas de octubre susurran
tu nombre a través del viento y la oscuridad busca tu silueta por cada
callejón. Cada día salgo en busca de alimento a mi esperanza, pero recuerdo que
no volverás, que tu recuerdo se está yendo, y que tu alma se despide con un
beso en cada sueño… Duermes eternamente en aquella caja de madera que hice
especialmente para ti, enterrado en un viejo parque al que nadie visita."
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