“La facultad vestía de gala, era día de graduaciones. Entre
varios invitados, me paseaba en los pasillos, buscando un lugar tranquilo para
descansar de la jornada. La familia y amigos esperaban ansiosos la salida del
profesional con título en mano; las risas y las ganas de llorar estaban
presentes en todo el lugar. Flores y pequeñas muestras de cariño rodeaban a los
recién graduados.
Entré en ansiedad pensando en qué pasaría el día de mi
graduación, si mis padres estarían conmigo, o harían una escena de intolerancia
entre ellos; si llegarían las personas a verme, las que verdaderamente
importan... O simplemente estaría sola a pesar de la multitud que visitaría la
universidad.
Han pasado varias semanas, poco a poco voy acomodando las
ideas de mi núcleo familiar, del fracaso que tiene, y de lo vacía que estoy por
ello, pero lo peor... De lo poco que me importa intentar llegar a una armonía
dentro del mal llamado hogar, estaba y estoy convencida que solo con marcharme
encontraría la tranquilidad plena que requiero.
He llegado al final de mi carrera, estoy en mero trámite para
titularme, a pesar de todas las crisis me siento orgullosa de mi persona, que a
mis 23 años seré una profesional. Sin embargo, seguía en la desesperación de
lograr algo mucho más grande, que me mantuviera estable laboralmente.
Poco a poco me voy despidiendo de la universidad, sinceramente
ha sido un hogar para mí; he reído, me he enojado, he llorado, he pasado tantas
cosas en ese lugar que es un manto de recuerdos que tengo en mi mente. Cada
rincón tiene una anécdota... Extrañaré esos años de gloria, las despedidas no son lo mío.
Por una parte sabía que tenía que recompensar el estudio que
me habían dado mis padres, por otra, sabía que era su obligación así como
también cumplir mi parte de no dejar tirada la licenciatura. Aún sigo pensando
en ese día... Debería sentirme feliz, pero también debería dejar de pensar mucho.
Dicen que la familia es primero, pero me cuesta demasiado
dejarla en primer lugar. Pues me han hecho tanto daño que detestaría que
volvieran a desequilibrarme. Me he hecho más cruda, y el siguiente año estaré a
la deriva. Aún no estoy segura cómo ejecutar cada plan que puedo tener.
Mi hermana intenta volver a la burbuja que tenía antes, pero
la realidad está apenas empezando a tocar su puerta. Mi madre lleva días de
dirigirme la mirada, y mi papá tiene actos sospechosos de otra vida... Al
final, daba igual. La rutina en casa era la misma. Simple, llegar a
dormir."
-Hablando sola.
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